EL RINCÓN
Marcha verde
Es terrible que con lo que está pasando este país que unos políticos conviertan en «el problema» su sueño de secesión. Son esos mismos políticos que han llevado a Cataluña al bono basura y que no baja más porque las instituciones que miden esas cosas dicen que el resto de España salvará al final a la autonomía catalana de la bancarrota. Y es justo en este momento de absoluto desconcierto nacional y europeo, cuando Mas hace su apuesta soberanista. Y viendo la maniobra, he llegado a la conclusión de que, el ya otra vez presidente de la Generalitat, se ha convertido en el discípulo de Hassan II y ha iniciado en compañía de Esquerra una especie de marcha verde que va a ser muy difícil de solucionar.
No es una exageración: ha elegido el momento propicio de una crisis profunda como Hassan eligió el vacío de poder por la enfermedad de Franco. Y en este desolador panorama, CIU y ERC van avanzando en la formación de todas y cada una de las instituciones que necesita un estado independiente hasta incluso discutir —esto ha ocurrido aunque parezca mentira— si era conveniente o no la creación de un ejercito catalán.
¿Y qué hay frente a este avance pacífico pero que es ya un hecho? Una frase: el imperio de la Ley; una frase que tiene menos fuerza aun que los tanques desplegados por el Ejército frente al gentío marroquí.
¿Qué hacer ahora? Descartada la descabellada idea de aquel coronel que pedía la intervención de las Fuerzas Armadas, al Gobierno sólo le queda enarbolar la Constitución y decirle a Mas que no sea así, que eso no se puede hacer.
¿Llevarlo al Constitucional? Hay dos posibilidades: que conociendo el percal del TC, de la razón a Mas o que se la quite, y entonces dirá Mas que ningún tribunal está por encima de la voluntad del pueblo.
¿Qué queda entonces? ¿Cortar el grifo del dinero? El remedio iba a ser peor que la enfermedad porque los catalanes de a pie no tienen por qué pagar las decisiones de unos políticos ni creo que el resto de España soportaría una medida así: sería un caos. Entonces ¿qué se puede hacer? Yo me limito a recordar el final no sé si vergonzoso o humanitario de la marcha verde: la retirada, el abandono, la cesión.
Sólo queda la sensatez o una llamada de alguien o de «alguienes» de fuera que le digan claramente al Gobierno catalán la insoportable dureza de una soledad asegurada.