La opinión del lector
Regulación semafórica
No es extraño que el tercer problema que, trimestre tras trimestre, nos indica el CIS como preocupación de los españoles, sea el de «los políticos». Y digo que no es extraño porque, se supone, que su función es la de solucionar o paliar los problemas de los ciudadanos... pero no el de incrementarlos.
Veamos algunos ejemplos de cómo nos complican la vida nuestros políticos en lo que a la regulación de los semáforos en la ciudad de León se refiere. Los hay que sólo regulan el paso de peatones por lo que disponen de un pulsador. Tal es el caso del que está enfrente de Agrícolas o nada más pasar el puente de la plaza de Toros (dirección Astorga), por citar algunos ejemplos. Pues bien, estos semáforos se cierran para los vehículos de una manera regular sin que ningún peatón los pulse.
Existe un semáforo en el acceso de la calle Carreras (avenida de los Cubos) a la Plaza del Espolón, que funciona de la siguiente manera: Por las mañanas se cierra para los vehículos unos diez o doce segundos antes de que se habilite el paso de peatones. Cuando se cierra el paso de peatones, ¡¡tarda 18 segundos en facilitar el paso a vehículos!! Es decir, está 18 segundos en que en teoría al menos, no pasan ni vehículos ni peatones. Pero al mismo tiempo están pasando los vehículos que vienen de la calle Álvaro López Núñez en dirección a la calle Carreras. El resto del día esos 18 segundos se convierten en 12.
¿Qué es lo que se consigue con esto? Pues que invariablemente en la calle Carreras se forme atasco siempre (y no digamos cuando llueve).
Luis Cañón Alonso. LEÓN
Queja de una madre
Soy una madre en paro, como muchas otras, con un hijo que cumplía 3 años el día 5 de enero y cuya única ilusión era ver a los Lunnis. Me puse a ahorrar sacando un poco de aquí y un poco de allá y ¡por fin podríamos ir mamá, papá y él en familia a verlos! El precio que ponía en todos los medios era de 12 euros, así que nos saldría por 36.
Cuál fue mi sorpresa cuando en la taquilla me dijeron que eran 14.20 por cada uno. Intenté decirle que en la web del Auditorio ponía 12 euros, pero de una forma despectiva dijo que o lo cogía o lo dejaba. Después de dudar, decidimos pagar esos 6.60 más por la ilusión del niño.
Dentro me di cuenta de que muchos de los que allí estaban tenían invitación. ¡Qué lástima no trabajar en el Ayuntamiento, en la Junta o simplemente tener amigos bien relacionados! La decepción fue mayor porque la acústica fue penosa y los papás invitados se ponían de pie y no dejaban ver a los niños que aunque ellos no lo crean les había costado bastante esfuerzo estar allí.
Cristina Astorgano. LEÓN