Diario de León
Luis Urdiales
León

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Al concejal de Tráfico del PP se le pone una cara de José Antonio Díez que no puede con ella. No hay peor señal de decadencia que a un político le definan los rictus que atollaron a su predecesor en la poltrona. Gavilanes le puede consultar a Rajoy, que cada mañana contempla en el espejo como se le arquean las cejas.

La presión que ejerce la policía local con leoneses y forasteros es una rémora que han atizado sin conocimiento desde cualquier forma de poder que salió de las urnas en la plaza de San Marcelo, salvedad hecha del equilibrio que indujo Mario Amilivia, al que le tocó amansar a la fiera que heredó del Morano Boys mientras Enrique Gil trataba de discernir a qué carta se quedaba entre el Palacio de Deportes, el campo de fútbol y la comisaría del colegio de huérfanos ferroviarios.

A Gavilanes se lo han puesto tan fácil para copiar el modelo que le conviene que al final le va a atropellar el síndrome de los jasp, que liquida a nueve de cada diez de los que se creen genios. Lo fácil fue la mesura, y eligió los consejos de las prisas de última hora del jefe del cuerpo resabiado que quiere arreglar en dos años los gestos que le afearon en las épocas del social-leonesismo, venganza con poso político de quien no olvida que al mando del cuerpo está el líder espiritual del rival político en el alfoz de León.

Y va la joven promesa, igual de atribulado por los desprecios del jefe de filas que por el oráculo de delfos que instiga infamias sobre el concejal, y escoge el plan de acoso y recaudación que terminó por distinguir al ahora líder de la oposición a Gutiérrez y a Tino Rodríguez. Mal asunto. Cómo será el abandono que hasta la UPL, que desde que los votos le sacaron de la cama de los socialistas lleva en la morgue bajo una sábana con una etiqueta en el dedo gordo del pie a la espera de que algún afiliado o familiar reconozca el cadáver, apunta con saña contra el tierno edil. Ante el desatino, el paisano vive en una espiral en la que lo mismo la grúa se lleva coches con ticket de la ORA que un director de colegio tiene que tirarse a la calle a defender la integridad física de los alumnos. Ya son ganas de provocar.

Gavilanes huele a Monzú. El problema es que va a haber civiles entre las bajas. En política hay cosas imperdonables. Una, el abuso policial. Ahí está el ejemplo del PSOE; empezó con las multas de Díez y acabó con el puente aéreo a Marrakech. Que se palpe la ropa Emilio Gutiérrez.

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