AL TRASLUZ
Bastantes más
Este periódico titulaba: «15.000 mil voces piden auxilio», en referencia a los participantes en la manifestación del 1º de Mayo. No lo pedían para el 2014, ni siquiera para el mes que viene, sino para ayer. Julio Iglesias puede permitirse ser paciente aunque le hayan anulado tres bolos en Las Vegas y cuatro en Hawai. Rajoy ha pedido paciencia a los ciudadanos porque «las cosas llevan su tiempo». Él empleó la suya para preparar su oposición a registros, neutralizar intrigas internas, llegar a la presidencia del Gobierno… por tanto, no está pidiendo algo ajeno a su naturaleza, pero para muchos leoneses el problema no es ya la propia paciencia sino la de quienes les pasan recibos: bancos, caseros, guarderías, aseguradoras, instituciones… inventario al que hay que añadir los imprevistos: «¡lo que nos faltaba, ha petado el frigorífico!». Hasta el propio don Mariano tras una de aquellas enzarzadas entre Aguirre y Gallardón hubo de advertir: «Santo Job no hay más que uno», afirmación que inspiró no pocos comentarios, aunque menos que esta suya de ahora, bienintencionada pero polémica en medio de la actual tempestad de catástrofes.
Para muchos ciudadanos la paciencia ante la crisis es hoy un lujo, algo así como el caviar del estado de ánimo, en unos tiempos más proclives a las sardinas en alta. Cualquier madre ejercita a diario la suya cuando logra autocontrolarse y no mandar al chaval adolescente al Monte del Destino, a destruir en anillo único.
¿Somos pacientes los leoneses? Hemos tardado décadas en tener un nuevo órgano para la Catedral. No se ha logrado sólo con cabezonería cazurra sino con trabajo colectivo constante, en este caso al servicio de un anhelo de belleza, de una emoción colectiva. Y gracias a unos patrocinadores, sin los cuales el proyecto seguiría en el ámbito de la palmadita en la espalda. En León, 15.000 voces han pedido auxilio, pero muchas otras lo reclaman. Han de tener paciencia y los gobernantes ofrecer soluciones a corto plazo, no en un futuro metafísico. ¿Más tiempo? Los grandes problemas de la economía lo necesitan, pero sin olvidar que para un desesperado un minuto es eterno. Y sí, santo Job sólo hay uno. Los ciudadanos impacientes son, ay, bastantes más. Demasiados.