AQUÍ TE ESPERO
Lo que importa
Presenciaba el otro día cómo un peregrino extranjero se volvía loco mirando para cada una de las cuatro esquinas de un cruce de Padre Isla, sin encontrar la placa correspondiente para poder conocer el nombre de la calle y ubicarse en el mapa que llevaba en la mano. En repetidas ocasiones lo he comentado aquí para ver si quien puede hacerlo se ocupa de estos menesteres, que no son de relumbrón, pero que contribuyen a hacer la vida de vecinos y visitantes mucho más fácil.
Ya no digo que se haga aquí como en otros muchos lugares del mundo, en los que se coloca una placa (incluso flanqueada por la bandera nacional correspondiente) para que el visitante sepa qué es ese edificio y lo que significó en su momento de esplendor. No me atrevo a pedir tanto, porque sé que eso es como pedir peras al olmo. Ejemplos hay a montones y los más significativos salieron el otro día en el «A fondo» de este periódico solicitando no «una perra pa san Juan» sino una simple placa que informe qué es lo que hay delante, especialmente —como en esos casos— cuando son piedras traídas de otros lugares, a los que se dejó huérfanos y ahora también olvidados.
Claro que en esto no puede haber un gran gasto, porque saldría de ojo, y tal vez por eso es por lo que a nadie de Poridad se le ha ocurrido sacarlo adelante, igual que pasa con las placas de las calles, que a veces se cambian y se renuevan, pero no me explico cómo lo hacen, porque lo cierto es que siempre quedan muchas sin poner, o se renuevan por zonas, y en otros lugares están ilegibles, pero se mantienen.
Es difícil desentrañar los criterios de quien decide. Por eso tampoco acierto a comprender que sigan por las calles esa especie de estorbos (como si hubiera pocos en nuestras aceras) que se colocaron cuando lo de los 1.100 años del Reino de León. Me refiero a esos cubos borroñosos de sólo cuatro caras, que contienen dentro un contrapeso de hormigón, que en su día anunciaban un itinerario para llevar a los visitantes a presenciar unas exposiciones que fueron todo el despliegue (si olvidamos los cubos de cuatro lados y la rotonda de la plaza de Toros) que se hizo para conmemorar tan fasto acontecimiento. No me extraña que el centenario de Vela Zanetti pase sin pena ni gloria. No hay dinero, ya. Pero para llenar de piedras el Musac parece que sobra ¡No tenemos remedio!