Diario de León
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Aurora García Rivas. gijónAntonio Arias Terrado. toreno
León

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Crónica de una tarde de agosto en un pueblo

El día 6 de agosto tuve el honor de presentar mi novela La madriguera —parte de cuya trama tiene lugar en Villaestrigo, entre los años veinte y treinta—, en este pueblo presidido por la espadaña de la iglesia: un original campanario que, desde algunas perspectivas, se ve francamente airoso, como un trabajo en encaje de bolillos, en su solitaria torre, en medio de las casas vecinales, casi todas remozadas y muchas nuevas; hay algunas paredes de tapia ya derruidas y una sensación de tranquilidad que se palpa por las calles, solitarias antes de «salir al fresco», que se llenan de ruidos familiares hacia el atardecer, como antiguamente hacían sus vecinos.

Una costumbre que se mantiene y que ayuda a cuidar las relaciones sociales poniendo en contacto a la gente que permanece en el pueblo con la que ha emigrado y vuelve a recorrer los caminos de siempre en el verano, o a las que quedan juntándose al sol del invierno. Son gentes sencillas, cordiales y acogedoras. Gentes de campo con una sólida historia de superación, muchas de las cuales aún recuerdan aquel Villaestrigo del Páramo sin aparente redención.

Nos reunimos en el salón parroquial; fue un acto profundamente emotivo, tanto para mí como para ellos, que han visto, por primera vez en sus vidas, el lugar donde nacieron protagonista de una historia en una novela. Desde estas modestas líneas, quiero agradecer a su alcaldesa María del Carmen, a los miembros de la Junta Vecinal, Vicente y Carlos, y a los vecinos de Villaestrigo, su cálida y amable acogida, y su interés por las historias que cuento en mi novela.

Políticos «ciegos»

Existe un número de familias cada vez mayor que ven como algunas de sus necesidades más primordiales están debilitándose, como es la alimentación básica; sobre todo la de sus hijos. Estas familias son las que más sufren la crisis, más que nada por esa limitación de recursos a la hora de conseguir ciertos alimentos; debido al encarecimiento de ellos y a que muchas familias disponen de prestaciones mínimas o ninguna. ¡Quién lo iba a decir!, cuando hablábamos de los países del tercer mundo y los mirábamos con cierta compasión y ahora resulta que en España han empezado a sonar las alarmas.

Hasta hace poco la malnutrición infantil era un problema que los españoles contemplábamos a través de la televisión. Los medios de comunicación nos han estado informando de esta alarma social pero, por lo visto, lo sabemos casi todos los españoles menos algunos políticos que creen que es pura demagogia; como portavoz adjunto del PP en el Congreso, Rafael Hernando que ha afirmado que los casos de desnutrición en nuestro país son «una responsabilidad que corresponde a los padres», y ha calificado de «repugnante» que se utilice a los niños para hacer «demagogia política»; realmente lo que es repugnante es ignóralo y echar la culpa a los padres, que en muchos casos están sin empleo los dos. La pobreza en España alcanza ya al 27,2% de los menores, o lo que es lo mismo, a 2,3 millones de niños, esto según Unicef. Los datos han provocado un revuelo político, pero no han sorprendido a las ONG que llevan bastante tiempo denunciando esta dramática situación.

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