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Desfile y atascos
En los últimos años, en cuanto una cosa se celebra un par de veces ya dicen que es tradicional... Pero las tradiciones son algo que ha urdido la costumbre y ésta sólo es tal con el paso de los años.
Y hablando de costumbres y tradiciones, en nuestra capital el Carnaval no lo es. Así como en La Bañeza se ha mantenido con el paso de los años —incluso en época franquista— y en muchas otras localidades siguen con sus ritos ancestrales, en León capital ni lo uno, ni lo otro.
Pero en los últimos años el disfraz se lleva mucho. Miles de personas se disfrazan con cualquier disculpa. Ya no sólo en Carnaval, ahora también en Halloween, porque lo importamos todo, nunca mejor dicho. Pero volviendo con lo que nos ocupa, el sábado se celebró el desfile de Carnaval en la capital. No entiendo que Carnaval sea sábado, como tampoco entiendo que San Silvestre sea el 29 ó el 30 de diciembre... Pero independientemente de eso, lo cierto es que ese día había en León varios espectáculos que hacían que la fecha no fuera la más idónea para el desfile. A las 18.00 horas empezaba en el Palacio un Ademar-Villa de Aranda (que trajo dos autocares de seguidores, precisamente disfrazados). A las 18.30 se abrían las puertas de la Plaza de Toros para la segunda jornada del Supernova Indie Weekend, que reunió a más de mil de jóvenes de ésta y otras provincias. Y a las 20.00 horas se estrenaba mundialmente en el Auditorio casi lleno La Catedral de Cristal , que resultó ser una magnífica obra de Igor Escudero y nuestro compañero Pedro Trapiello, con la gran actuación de Ignacio Encinas, Marta Arce, Alfonso Baruque y Conchi Moyano, así como la estupenda orquesta Ciudad de León y el extraordinario coro Ángel Barja. Todo un acontecimiento, imperdonable de perder.
Pues por ser imperdonable, hubo como un centenar de personas que no quisieron perdérselo, aunque llegaron tarde o tardísimo. La causa: el gran atasco formado en el centro de la ciudad por las calles cortadas para el desfile carnavalero, especialmente Guzmán. Así hubo quien tardó 40 minutos del Palacio de Deportes al Auditorio y otro pagó 29 euros por el taxi que cayó en el atasco. Cortar el centro varias horas no es de recibo. Hacer coincidir tantas cosas y crear el caos, tampoco. No sólo hay que gestionar bien, también hay que pensar para no hacer difícil la vida del ciudadano.