EL BAILE DEL AHORCADO
El fútbol
El fútbol, ese gran deporte que no lo es, un deporte, digo. El único que se basa en la violencia como manera de vencer.
La vida o, al menos, la vida en la que la mayoría parece estar cómoda. Así que el fútbol no es un deporte, o no debería ser considerado como tal. Unos padres pegan una paliza a un niño de 16 años y el resto se queda mirando, como si no fuera con ellos. Árbitro, cabrón...
El fútbol, ese juego que es como la vida, esa pelea en la que todo está permitido a no ser que te vea el árbitro, y entonces, pues se quita del medio al árbitro, que esto es la selva, y las normas, y la moral no tienen cabida en un mundo en el que lo único que importa es ganar, al precio que sea, que el fracaso, aunque sea heroico, no interesa.
Un juego, un juego grosero y banal, un juego de imbéciles para imbéciles, el fútbol… el ensimismamiento de los idiotas, un virus que se contagia de manera exponencial, un deporte (no lo es) de macarras y para macarras. El fútbol, esa manera de estar cuyas normas sólo están para ser violadas.
El fútbol, modelo de vida, de vulgaridad. El fútbol, un deporte que debería ser ejemplo de solidaridad y sacrificio en común y que no es más que un modo de trepar pisando al compañero.
El fútbol, el negocio, el interés personal, un país sesteando alrededor del fútbol (ahora que llega el mundial).
El fútbol, ignorantes iletrados (hay ilustres excepciones) encaramados al olimpo del dinero, jaleados por una jauría de insignificantes cuya máxima aspiración es ser como ellos. Un deporte… ja.
Horteras incapaces de pensar que cada uno de sus movimientos tiene consecuencias entre los millones de bóvidos que les admiran.
El fútbol… un montón de fanáticos soñando con un diferenciado cuya épica se basa en defraudar… también a Hacienda.
El fútbol. ¿De qué hablamos cuando hablamos de fútbol? ¿De deporte? No, no se habla de deporte cuando se habla de fútbol.
Se habla de frustración, de falta de confianza, de satisfacción vicaria, de miedo y, por lo tanto, cuando se habla de fútbol, en realidad, se habla de gregarismo, del asesinato del individuo, de la muerte de lo que nos hace únicos, de la coartada que te proporciona el grupo para atacar a un niño de 16 años.