Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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Aclaró el genial Montaigne, varios siglos atrás, que nadie está libre de decir sandeces; lo grave es decirlas con énfasis. Viene a cuento tan sabia reflexión pues, aunque toda opinión sea respetable, lo cierto es que cada vez que hablan, o más bien pontifican, los mandamases de la Unión Europea tienen más peligro que las invasiones bárbaras. En un argumento que roza lo revolucionario, semejantes Faletes de la economía siguen regalando evidencias de su genialidad pitonisa. A los españoles -como antes a los griegos y portugueses- nos siguen tratando igual que si fuéramos cateto a babor… y hasta a estribor, sin respetar nuestro dolor por aquellos buenos tiempos que se fueron para siempre sin tener ni siquiera la gentileza de despedirse.

A la nómina de agravios que padece esta sociedad de gentes apaleadas y además resignadas, se suman ahora las constantes recomendaciones de bajar el importe de unos emolumentos que, por menguados, dan verdadera lástima. Utilizando, eso sí, buenas maneras y una cadena de acrobacias dialécticas, su diagnóstico es que siendo más pobres acabaremos finalmente por levantar cabeza. El problema es que, sometidos a tortura, los hechos y hasta las cifras acaban por confesar la verdad. Y la pútrida realidad nos confirma los infinitos duelos y quebrantos que asolan a un país millonario en desempleados y donde siguen campando a sus anchas los políticos corruptos que entraron a degüello en el mondongo público. El nutrido fondo de calamidades crece a diario debido, entre otras razones, a que el dinero no corre y la vida se amustia. ¿Qué dice el gobierno ante tan bochornoso panorama? Pues nada, proclama su indiscutible competencia y sigue con esa filosofía tan suya de «¡Alante con el varal! Y aún les extrañará que se hayan ganado la inquina popular. Fofitismo puro, la cosa no tiene otra explicación.

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