TRIBUNA
‘Luche’ leonesa
Sobre la ‘luche’ leonesa tenía una equivocada concepción y conocimiento que repercutía desfavorablemente a la hora de confrontaciones con otras artes marciales pensando en que la contienda de boxeo era un parecido estilo a la lucha leonesa de la que tenía conocimiento y no era torpe sino vivo y despertado para esquivar con habilidosa maestría y técnica recurriendo siempre a los conocimientos de tretas y artificios ingeniosos de esta luche, puesto que, era gran aficionado de niño y joven. Ahora, fiel amante seguidor de competiciones.
No puedo por menos de dedicar unas afectuosas palabras aunque sea un nombre sin sensibilidad como es «luche». Imaginémonos que es un objeto con sentido perceptor, receptor y captador de sentimientos y abundante en sensaciones. La ‘luche’ leonesa se alegrará de mis breves y escuetas palabras son una manifestación, no nostálgica aunque penosa y dolorosa por su desaparición.
Quiero que sean palabras de recuerdo de mi niñez que expresen la gratitud que siente uno de los amantes de esa diversión que tanto hizo gozar y disfrutar a infinidad de gente de los pueblos con las nobles, generosas y a veces furiosas y rabiosas luches simplemente por el orgullo de dar prioridad a la honra, estima, aprecio y reputación del pueblo junto con el agasajo y aplauso de los demás paisanos y vecinos de otros colindantes y cercanos pueblos.
Sin pensar en el riesgo de romperse un miembro se organizaba la ‘luche’ sin institución deportiva responsable de posibles accidentes inesperados como rotura o estiramientos de miembros sino que el primordial motivo era que los asistentes de otros pueblos a la fiesta patronal disfrutasen un divertido rato de anécdotas humorísticas por esa pelea de testarudos y tozudos en defensa del honor y honra del pueblo.
El corro, organizado, el segundo día de fiesta hacia las 11 de la mañana o más tarde con la salida al corro de los niños del pueblo de la fiesta con los que había que luchar. Luego continuaba hasta las 6 de la tarde con el mozo campeón siendo la hora de la comida. El segundo día de fiesta la comida era más tarde. Luego el último baile ya nocturno y despedida de la fiesta donde había un espacio para las personas mayores dándonos una excelente lección del buen bailar a pesar de su avanzada edad.
Considero una pena que la ‘luche’ haya desaparecido como una parte grata y divertida de las fiestas de los pueblos. Manifiesto que siempre fue ocasión de comentarios agradables, discusiones acaloradas y apasionadas a causa de la defensa del contrincante de tal pueblo o comarca por su estilo de luchar.
Existía infinidad de entrañables escenas de humor por las anécdotas que siempre ocurrían entre los participantes como la caída del cinto, la rotura del pantalón o algún calcetín al aire. Zapato no, porque se los quitaban por precaución al ser considerado un objeto arriesgado para los luchadores. Puedo aún mencionar, ya que conservo en mi memoria y mente que la auténtica escuela creadora de estos expertos en la ‘luche’ leonesa era fruto de los hijos de familias que trabajaban o poseían un molino.
Los luchadores solían salir de las familias de molineros, al menos, por mi región. La dureza, la molestia y fatiga de la carga y descarga de los carros llenos de costales de cereales y sacos de trigo formaban a los fornidos, curtidos y experimentados mozos que no precisaban entrenamiento ni otros ejercicios. Su recia y vigorosa, tenaz y diaria descarga y carga de los carros de los nobles, dignos y agobiados labradores que se aproximaban para moler, les servía de un buen, excelente y práctico entrenamiento.
Su mejor profesor era su propia y genuina experiencia de ese continuo costaleo que les hacía hábiles, diestros y ágiles para soportar una zancadilla, mediana o gocha y saber sacar al aire y con media vuelta completar la mediana, permanecer en un bello, elegante y diestro voleo y hacer frente a la riñonada que le intentase hacer su contrario siendo capaz de resistir sin el menor dolor y queja del pisar rápido a su pie.
Tenía además fuertes y grandes manos para ir arrastrando con paciencia, sosiego y calma a su contrincante hasta llevarle a su colosal posición para echar la gocha y ser derrotado por su inapelable e inevitable bien planeada treta y astucia, logrando la caída del contrincante y la lógica salida del corro y nulidad de la siguiente etapa dándose como perdedor y despedido con una prolongada, cariñosa y entusiasmada salva de aplausos en agradecimiento a su generosa y desinteresada participación
Esos forzudos molineros poseían su fuerza y energía al permanente trajín del costaleo de carga y descarga de los carros de los campesinos que se acercaban al molino con infinidad de sacos de trigo y costales de cereales con el fin de moler.
El duro trabajo de descarga de sacos y costales que realizaban, les servía para aprender las tretas y mañas de la luche. Su pie ágil y movedizo para descargar el peso del costal apoyado con la punta del pie y con las manos para alivio y mengua del desgaste de fuerza y energía bajando sacos del carro y arrastrando hasta el molinero, dispuesto a llevar y colocar dentro del molino para su molienda.
Este era el mejor ejercicio práctico para conservar sanos los músculos del cuerpo sin exclusión de los músculos de brazos y piernas. Los músculos después de una descarga de costales de diversos cereales y duro y largo trabajo quedaban en plena forma física para enfrentarse al mejor y más forzudo luchador de la región.
Se puede con un poco de imaginación sacar que todas las mañas, engaños y amagos y forcejeos de presión y tirantez, tirones débiles con pausado aflojamiento y gradualmente tensas contraposiciones y contrapesos de sacudidas ágiles junto al ingenio e imaginación del luchador, eran funciones y acciones realizadas con los sacos y costales de trigo y cereales.
Los nombres de esas habilidades de la ‘luche’ salen poniendo atención y dejando a nuestra imaginación divagar libremente sin forzar el trabajo del costaleo aunque nos parezca extravagante, estrafalario y desordenado.
En el orden y movimiento suave del costaleo es donde se encuentra oculta la trampa de la ‘luche’, ya que es la función del cerebro e imaginación que origina la treta y maña. Esos movimientos de los participantes no son hechos aislados y promovidos al azar.
En los diferentes amagos e intentos de fuerza está la técnica destructora y vencedora del luchador que triunfará y derrotará al contrincante dando otro inesperado y fortísimo golpe que derribará al adverso competidor conquistando la victoria.