Diario de León
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Manuela Martín Sánchez. león
León

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In memoriam de J. María Perez Gómez de Tejada

Tuve la suerte de compartir 17 años de mi vida profesional como profesora en la Escuela Normal de León con José María Pérez Gómez de Tejada y puedo asegurar que además de un excelente profesor era una gran persona. Siempre respetaba a todos, lo mismo profesores que alumnos, independientemente de sus ideologías políticas o religiosas. Tenía una especial sensibilidad por los problemas de todos los que le rodeaban.

Como profesor era riguroso y exigente, pero también lo era en su formación, estando siempre al día, y en la impartición de sus clases, en las que no escatimaba ningún esfuerzo que supusiere una ayuda para mejorar el aprendizaje de sus alumnos. Bastante lejos de las simples recetas pedagógicas que se han venido sucediendo estos años, estimaba que una buena enseñanza estaba basada en el conocimiento profundo de la materia y el rigor en la exposición adaptándose siempre a la capacidad y a las posibilidades de los alumnos. Tenía muy claro que una buena formación no se adquiría sin el esfuerzo por parte del alumno dirigido y exigido de forma racional por el profesor.

Recuerdo el enorme interés que tenía para que se resolviera cualquier problema que contribuía una pérdida de clases por parte de los alumnos porque eso suponía un detrimento en su formación.

También se esforzaba porque la biblioteca del centro estuviera bien dotada y el horario de apertura contribuyera a facilitar la posibilidad de acceder a los alumnos.

Aunque compartía dos centros: el Instituto Padre Isla y la Escuela Normal, geográficamente distantes en León siempre fue exquisito en su puntualidad y asistencia.

Con unos medios mínimos y un esfuerzo enorme montó el observatorio astronómico que nos permitió contemplar con gran asombro a todos los que quisimos asistir, y tantas veces como se lo solicitamos, la luna y los planetas. Por primera, vez pudimos observar a saturno como una esfera dentro de un anillo, y afirmar que era realidad la imagen que conocíamos de nuestros libros. Sería de justicia que si ese observatorio astronómico aún no lleva su nombre las autoridades actuales se encarguen de que a partir de ahora lo lleve.

Lo mismo que él heredó unas excelentes cualidades de su padre José María Pérez Gómez, catedrático de Lengua y Literatura Españolas del Instituto Juan de la Enzina y de la Escuela Normal, espero que los tres hijos de José María Pérez Gómez de Tejada, en la actualidad profesores de matemáticas sigan siendo dignos herederos de su padre y de su abuelo.

Desearía terminar con un recuerdo especial para su esposa, Isabel Riera Fernández –Reigoso, mujer inteligente, dispuesta y alegre que fue siempre un importante apoyo de José María.

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