AL TRASLUZ
Humor con gracia
Llevaba tiempo queriendo escribirles acerca del humor, pero su naturaleza resulta demasiado misteriosa, no digamos ya su definición. ¿Es humano, animal o cosa? Sabes qué te hace gracia a ti, pero ya sólo intuir qué le hace gracia a los demás es enigma irresoluble. Un ejemplo: 1992, aeropuerto de Nueva York, llevo en una bolsa de mano una gran pistola de agua para los niños. Me paran dos enormes guardias, como campeones de lucha. Situación angustiosa. Empiezan a cachearme a la vez que me interrogan. Traduzco que no me están preguntando la hora. Tiemblo. Mientras me sobetean las pantorrillas levanto las manos y miro a mi mujer. Entonces, la veo desternillada de risa. Y uno allí, temiendo haber sido confundido con el malo de la Jungla de Cristal 2 . Una vez pasado el susto le pregunté qué le había parecido tan desternillante. Me contestó: «Es que levantaste las manos como si fueras a bailar una jota». Ah, vale. Para mí, la jota es sólo una consonante con boina, como los nacionalistas. Puesto a reírme con el abecedario soy más de la hache, que me recuerda a Harpo. Cada vez que me menta aquel cacheo —no sin retintín—, empiezo a sudar al acordarme de aquellos dos armarios de Kentucky. Pues si con tu propia mujer discrepas acerca de si una situación es divertida o no, entonces, cómo para coincidir con el lector o lectora. A saber.
Además, es un género muy falsificado. Algunas de esas falsificaciones dan el pego, pero por poco tiempo; enseguida se rompen, como los bolsos de Prada a tres euros. Para que el humor sea auténtico no es necesario que provenga de aguas profundas, pero sí han de ser limpias, incluso cuando llegan turbulentas. Como advirtió Gómez de la Serna, no confundamos humorismo con amarguismo.
¿Una columna sobre la esencia del humor? Imposible. O quizá no. En el pasado partido del Abanca Ademar me presentaron al hermano Tomas, quien si no inventó el balonmano es porque aquel día llegó unos minutos tarde. «Si Dios quiere en Reyes cumpliré 87 años», me informa. Le digo: «Caramba. pues tiene muy buen aspecto». Y él: «Sí, pero pese a todo no estoy tan bien como esa señorita». Entonces, como una revelación, me dije: «el humorismo consiste es esto». En un don, en la gracia.