Diario de León
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Luis Fernández Terrón. astorgaÁngel Carvajal Carrera. león
León

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Parada obligada

en el Camino

Siguiendo la estela que se desprende de las vieiras que señalan la dirección certera del Camino de Santiago, los caminantes o peregrinos, unos reflexivos, otros cumplidores de promesas o simplemente turistas, tienen una parada obligada en su recorrido. Desde el alto de San Justo, como lo hiciera santo Toribio, divisarán una majestuosa ciudad erguida en la colina. Augusta y milenaria tierra que esconde encantadores secretos, de estos y otros tiempos, protegidos por una renombrada muralla.

Una vez que se adentren a sus calles, percibirán un brillo especial proyectado desde unas espigadas torres de una catedral centenaria y de las de un Palacio Episcopal, dedicado a Museo de los Caminos. Este último, obra ideada e iniciada por el genial arquitecto Gaudí. Es tal el regocijo que se siente, al ir descubriendo lo que Astorga guarda, que se produce un automático asombro, deteniéndote a contemplar multitud de obras, museos y ruinas de otras épocas.

Tierra de escritores y poetas que ensalzan con sus letras sus interiores y comarcas. Y aquellos que con su amor te contemplan y valoran, pretenderán inmortalizarte con lo mejor que sale de sus almas. Parada obligada a la que se añaden aromas del cocido, chocolates, mérles, hojaldres y mantecadas. Tradicionales festejos de pólvora quemada, procesiones silenciosas de Semana Santa y las sonoras verbenas de Santa Marta. Sonidos que nunca faltan de castañuelas, tamboriles y flautas, además de una amabilidad sincera de sus gentes a todos los caminantes y visitantes.

Vengas del norte o Roncesvalles, del sur o Ruta de la Plata, del este o Tierra de Campos o del oeste berciano, la divisas erguida llamándote a su abrazo y a que demores la partida. Si así lo haces, gratificado serás, porque Astorga es parada obligada y abrazo para todos los caminantes.

San Froilán, patrono

de la Diócesis de León

Cinco de octubre. Vuelve el júbilo festivo de San Froilán, con buen clima y año ‘santo’ al caer en domingo. Estos alicientes más el buen tiempo aúnan una vez más el fervor de muchos leoneses y asturianos principalmente, otros procedentes de Galicia y algunos zamoranos. Unos porque le deben su nacimiento en la tierra gallega de Lugo, otros porque desde Oviedo, y con encargo del rey Alfonso III regresó a León y Zamora en la vega del Esla donde predicó la caridad y la solidaridad con los pobres, fundó célebres monasterios algunos todavía hoy en pie como el de Tábara en la provincia de Zamora, ciudad en la que se le venera junto con su patrono san Atilano, pues juntos fueron consagrados obispos en León. El santo obispo san Froilán evangelizó en varias provincias o regiones y todos estos lugareños le celebran cada año.

Resaltar este año la afluencia de público con la festividad del día en domingo. Dentro de la basílica-santuario de la Virgen del Camino comenzó por la mañana temprano el fervor al santo y a medida que avanzan las horas y las misas, especialmente la más solemne en la campa del santuario a rebosar de gente, de carros y de pendones como hacía años que no se apreciaban por los puntuales fervorosos en honrar al santo de su devoción.

El gentío abarrotaba el santuario en algunas misas matutinas y vespertinas con rezos, beso del manto y tiras de la nariz al santo y palpas a la célebre talla o icono del mismo. Una fila interminable en pos del manto de la Virgen e icono del Santo con afluencia de velas, encargo de misas, alegría júbilo y saludos entre la gente, tras el año de obligada que fluyó rápido.

En el exterior de la basílica y en el trayecto de subida el gentío se acumula en ambos lados de la autovía abarrotando los espacios libres así como la campa del santuario y extendiendo la vista sobre los diversos atractivos tradicionales de la fiesta: los carros engalanados con los productos de León a la vista de los presentes, un número más crecido que nunca de pendones en correspondencia a sendos concursos, de carros y pendones ofertados por el ayuntamiento local. Los comerciantes en su día también atentos ofertando diversidad de productos. Se multiplican los puestos de las típicas avellanas y morcillas.

Qué dirán desde lejos los grandes agnósticos, escritores conocidos y otros personajes más anónimos, que a veces se muestran ocurrentes con este tipo de aglomeraciones poniéndolas en solfa, instando en su lugar al personal a frecuentar los correcalles en todo tipo de protestas y manifestaciones que encuentran más halagüeñas, pero menos estimulantes del espíritu cívico y religioso que las de la Semana Santa leonesa o esta festividad patronal celebrada en La Virgen del Camino cada 5 de octubre. Aquí acuden gentes de todas las clases sociales: los mineros de Rodiezmo y de Asturias, maragatos de Astorga, bercianos, gallegos fervorosos así como zamoranos y sobre todo leoneses. Dicen los tales agnósticos que la gente debe salir a la calle con otras urgencias. Pues que suban y vean como simples turistas la alegría, la belleza y la amistad de estas aglomeraciones. Sin necesidad de rezar por si les hiciere algún daño. Tiempo vendrá que se arrepientan.

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