Diario de León
Carlos Frá
León

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E n el camino hacia las municipales del 24 de mayo se van desvelando poco a poco los menús con los que pretenden atraernos los distintos partidos políticos. Toca empacho de citas electorales y de momento este fin de semana nos servirán un aperitivo en forma de gazpacho andaluz que probablemente pocas consecuencias en firme nos permitirá extraer sobre los verdaderos sabores que nos aguardan.

Por estas tierras hemos conocido que nos ofrecen un menú con algo así como un plato de segunda mesa traído de Valladolid, con un aroma que nos resulta archiconocido aunque viene con nuevos aderezos para intentar darle un sabor distinto.

Sus rivales habituales ya pusieron previamente una carta que exhala un cierto olor a rancio, a repetición de secuela de lo que en su día fue plato estrella cuando por aquí parecía que a los perros se les ataba con embutido aunque al abrirse la caja —que resultó ser la de Pandora— se comprobó que la longaniza era de mero plástico.

Los terceros en discordia entre quienes ya están sentados en la mesa del Ayuntamiento siguen insistiendo en lo autóctono. Si la tapa de toda la vida funciona para qué vamos a tocarla. Tampoco se trata de atraer nuevos clientes o de hacer experimentos. Uno más uno son dos y si suena la flauta incluso se puede soñar con otra guinda de postre.

Y a partir de ahí empiezan los que aspiran a hacerse un hueco en la mesa. Los hay que siguen sin darse cuenta de que en la base de su menú está aquella fecha de caducidad puesta en Berlín en noviembre de 1989, cuando los europeos derribaron el muro que les impedía ‘acceder’ a la manzana del paraíso comunista. ¿O era al revés? Ahora el sucedáneo griego fermentó nada más abrirlo y su degradación amenaza con prolongarse tiempo...

La opción al alza, la de pedir butifarra catalana, es probablemente la más incierta aunque por estas tierras nos la sazonen con ‘carne de cañón’, con autores de recetas conocidas por todos como aquella de que el trabajador debería indemnizar a la empresa...

Y a partir de ahí nos proponen mucha cocina de nitrógeno, mucha gaseosa que no sabemos hasta donde llegará su fuerza... y promesas de que todo está negro sobre blanco pero donde la gran incógnita es ver la letra pequeña de sus cartas. Se echa en falta alguna ensaladita fresca... Quizás el 24 sea un buen día para echarse al monte, o mejor dicho a Tras os Montes. Para exiliarse a comer algo distinto oyendo un fado.

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