LA LIEBRE
Lentejas
E n enero de 2013, José Ángel Crego reunió a los trabajadores de Telemark en la plataforma del polígono de Onzonilla: una sala amplia de más de 700 metros cuadrados en la que se reparten los teleoperadores en cubículos como si estuvieran estabulados, con pizarras para evaluar rendimientos y supervisores que azuzan a las ventas; la única apuesta de desarrollo económico que ha prendido en la última década en León, un lugar idóneo para los negocios de deslocalización, como Colombia, Perú, Paraguay o Marruecos. Se puso de rodillas, apoyado en el respaldo de la silla, cogió el micro y encendió la megafonía. Parecía la película de Los juegos del hambre , pero en lugar de nominar a uno lo hizo con trescientos, resumiría después un empleado. Quienes quisieran pasar a Atento —la salida que le abrió Telefónica cuando se hartó entre otas cosas de que vendiera a la vez para Movistar y Jazztel— debían firmar la baja voluntaria, sin derecho a indemnización, ni antigüedad; los demás, a la calle, a pelear sus derechos. «Son lentejas», resumió.
El plato lo intentó meter en menú en marzo del año siguiente, cuando se hizo con la presidencia del CEL. «¿Por qué no le paga una persona que se va de la empresa a la empresa por haber estado ahí diez años?», soltó en una entrevista de este periódico en colaboración con La 8 de Televisión de León. Está en internet, para su desgracia y la de quienes se han acostumbrado a disparar al pianista; esos que aspiran a hacer negocio a costa de montar un medio para amenazar con «los periodistas, que son muy hijos de puta». Fue una apuesta por «ser imaginativos», justificó, con esa mentalidad de corsario que aprendió en Antibióticos y que le ha hecho medrar en el telemárketing y la diversificación de inversiones. Un negocio lleva a otro. Y en uno de esos saltos, de repente, mientras se entretenía en regar la flor, vio a tiro la candidatura de Ciudadanos: una franquicia muy rentable para comprar, como Zara o el Burguer King, servida en bandeja por el coordinador provincial, Sadat Maraña, quien sabe bien lo que es trabajar para el empresario. Al final le iba a cuadrar un candidato a Alfredo Prada, aunque no fuera con las siglas del Partido Popular; nada que no se pudiera arreglar con el comodín de la llamada, que para eso el hermano de Silván asesora a Crego jurídicamente. Pero se cruzó Albert Rivera, ante la alerta de la ciudadanía, para estropear la operación. Era más que un plato de lentejas.