Diario de León
Carlos Fidalgo
Ponferrada

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Voy a hablarles de un visionario. Se llamaba Nikola Tesla y nació en el antiguo Imperio Austrohúngaro. Hijo de un sacerdote ortodoxo serbio, Tesla contrajo el cólera a los 17 años y su padre, desesperado, le prometió que estudiaría en la mejor escuela de ingeniería, como quería, si superaba la enfermedad. Así fue como se matriculó en la Universidad Politécnica de Graz y comenzó a desarrollar la idea de su vida; inventar un sistema que hiciera llegar la energía a todo el mundo y de forma gratuita.

Telsa trabajó en la filial francesa de la compañía de Thomas Alva Edison antes de emigrar a los Estados Unidos, donde el famoso inventor le contrató después de leer la escueta nota de recomendación de su antiguo jefe en París, Charles Batchelor: Conozco a dos grandes hombres, y usted es uno de ellos. El otro es el joven portador de esta carta, decía.

Cansado de las humillaciones de Edison, que envidiaba su talento, Tesla se estableció por su cuenta y experimentó con la corriente alterna, con los rayos X y los campos magnéticos. Sus investigaciones impulsaron la robótica, el control remoto y el radar, la balística y la física nuclear. Y es el verdadero inventor de la radio, aunque los honores se los llevara Marconi, de la misma forma que a Edison se le ha considerado el único padre de la electricidad.

A comienzos del siglo XX, Nikola ya trabajaba en su gran proyecto y construyó la torre Wardenclyffe para ensayar la transmisión de la energía sin alambres. Pero chocó con los monopolios de su tiempo; el eléctrico, reacio a los avances si no suponían un beneficio para su cuenta de resultados, y el bancario, con intereses en las minas de cobre. La torre de Tesla cerró por falta de financiación.

Hoy, una empresa con su nombre ha creado una batería que reduce la factura eléctrica y fomenta el autoconsumo, pero difícil de comercializar en España porque nuestra legislación —favorable los intereses de las grandes compañías suministradoras— le pone palos en las ruedas. Nada nuevo. Son las prioridades de nuestro Gobierno. Y sólo nos queda encontrar consuelo en la frase más famosa de genio, que murió pobre y condenado al ostracismo: El presente es vuestro, pero el futuro es mío.

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