Diario de León
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ERNESTO ESCAPA
León

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H oy se cumplen seis años del adiós de Victoriano Crémer y el recuerdo de su ojo siempre vigilante sobre lo inmediato empuja a dar un repaso a las diputaciones, que con algún sobresalto importante han quedado constituidas esta semana. Hubo un revuelo de mucho ruido en Ávila, donde nueve diputados populares eligieron como presidente a un candidato distinto al propuesto por el partido. Jesús Manuel Sánchez Cabrera es de Padiernos, en el Valle Amblés, mientras el relegado es concejal del consistorio de Ávila. Y sucedió precisamente cuando se conmemora el 550 aniversario de la Farsa de Ávila, un episodio bufo en el que los nobles castellanos depusieron al rey Enrique IV para coronar a su hermano Alfonso, que anduvo tres años hasta su muerte con una corte ambulante que cantó Jorge Manrique. Ambos eran hermanos de Isabel la Católica, que acabó quedándose con el reino. Una representación histórica revive esta misma noche, en la puerta de San Vicente de la muralla de Ávila, aquel despojo simbólico.

Otras veces, en 1983 en Palencia y en 1987 en Zamora, los sobresaltos los protagonizaron Jesús Mañueco, que relegó a su compañero popular Miguel Ángel Becerril, y el socialista toresano José Luis Antorrena, que traicionó a su grupo en la elección de presidente, votando al candidato de Alianza Popular. No ha habido otros antorrenazos, pero la maniobra de Mañueco sí se ha vuelto a repetir. Ahora con agravantes, que la hacen más hiriente. Porque en el patio del Torreón de los Guzmanes asistía al acto el flamante vicesecretario nacional popular Pablo Casado, que es diputado por Ávila, arropado por la dirigente autonómica y consejera en funciones Alicia García, y el presidente provincial y portavoz en el Senado Antolín Sanz. No faltó nadie en la renovada Farsa de Ávila. Si acaso, el también flamante e imputado vicesecretario zamorano Fernando Martínez Maíllo, que está teniendo un estreno rumboso en su nueva responsabilidad orgánica.

Tampoco la diputación leonesa ha pasado estos años sin sobresaltos. De hecho, aporta al repertorio el único presidente detenido por orden judicial en una operación contra la corrupción. Pero ahora que estamos de estreno, no merece la pena revolver el lodazal. Parece más oportuno mirar hacia delante y ver si se tratan de corregir las anomalías de una institución que acaba de cumplir doscientos años. Quizá la más notable es la voracidad que muestran para ocuparla los políticos de la capital y de Ponferrada, donde legalmente la diputación no puede ni debe intervenir. No es el caso del nuevo presidente, Juan Martínez Majo, a quien cabe exigir sensibilidad para distribuir los fondos de forma racional, venciendo caprichos y tratando de asistir a las zonas más necesitadas de la provincia.

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