Diario de León
Publicado por
CAMINO GALLEGO
León

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E n estos días en que se están constituyendo todas las corporaciones locales, provinciales y autonómicas están empezando a darse a conocer algunas noticias que lo son precisamente por ser poco habituales.

Me refiero a que se cuentan con los dedos de la mano las corporaciones que han reducido sus emolumentos, las que incluyen la asistencia a comisiones como una más de sus obligaciones por el mismo sueldo o las que renuncian a algún privilegio, como los concejales de IU en el Ayuntamiento de Astorga que devolvieron las tarjetas de la ORA que se entregan a cada miembro de la corporación, por considerarlo «un privilegio innecesario e injusto respecto al resto de ciudadanos».

Son los botones de muestra en un sistema de administración local donde parece que la mayoría no se ha dado cuenta o no se quiere enterar (como dice la canción) de que no se pueden mantener las mismas estructuras y costumbre que hasta ahora, porque el vecino no está dispuesto a seguir apretándose el cinturón mientras ve que sus representantes hacen caso omiso de las estrecheces y lo primero por lo que se interesan es por su sueldo en vez de por el bien común y las necesidades de ese pueblo soberano que ni reina ni gobierna, porque en cuanto deposita su voto en la urna parece que se le cae la corona real de la cabeza y no vuelven a ponérsela hasta la siguiente vez que le necesitan para que se mantenga un sistema dedocrático (son raras las primarias, lo que se lleva son los nombres colocados a dedo por el jefe de filas) que siempre dicen que van a cambiar y que nunca cambian.

Si todos hablan de las bondades de las listas abiertas ¿por qué luego nadie las pone en práctica? por qué hay puñaladas entre los mismos afiliados y se hacen la puñeta unos a otros, casos del presidente de la Diputación de Ávila por el PP y del PSOE de Ponferrada sin ir más lejos.

Señores ediles y señores diputados la paciencia del elector no es infinita. De cómo actúen en sus municipios dependerá en buena medida el número de votos que reciban en las próximas elecciones generales. No se trata de hacer el paripé durante un tiempo (esos cien días de gracia que todos reclaman), confiando en el alzhéimer del electorado, sino de demostrar que se siente de verdad deseo de trabajar por el bien comun y no que lo común sea su propio bien ¿De verdad piensan cambiar algo sustancial? A ver si se nota.

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