Diario de León
Cristina Fanjul
León

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De verdad que es necesario soportar música ratonera hasta las cuatro de la mañana solo porque sean fiestas? ¿De verdad? ¿Pero de verdad alguien se cree que es propio de un país civilizado impedir el sueño de los vecinos que trabajan al día siguiente sólo porque ‘estamos’ en fiestas? Que digo yo, y no es por ponerme gilipollas, o sí, que me da igual y ya sé que esto es aprovechar la opinión en cuitas personales, pero ¿de verdad? Y, además, qué mal gusto. Qué música tan horrorosa y vulgar, qué terrorífico, ¿qué es esto? ¿el paraíso de la ordinariez, el Edén de las Mamá Chicho y Kiko Rivera? ¿De verdad lo tenemos que soportar? ¿De verdad? ¿De verdad la fiesta de Santiago tiene que ser algo tan zafio? ¿De verdad que el Ayuntamiento puede pasar por encima del derecho de la gente a dormir?

Esto de las fiestas es algo muy poco civilizado y nada decoroso, la verdad. Que lo entendería hace un siglo, cuando la gente no tenía otro acceso a la diversión, pero ahora... ¿De verdad? ¿Pero de verdad es necesario molestar a la gente, cortar el tráfico, mortificar, vaya, cuando la mayoría de la gente tiene fiesta siempre que quiere?

A mí, la verdad, que me encantaría tener la fiesta en paz y que cada uno celebrara lo que quisiera en su casa, que eso de obligar a los rancios a disfrutar me parece un poco fascista, pero estoy dispuesta a tolerar la alegría y el jolgorio ajenos siempre y cuando me dejen dormir. Pero, nada, oye, que llega el día 23, el día 24 y el día 25 y me tengo que desplazar, me tengo que mudar —qué palabra tan horrible— de solución habitacional, que los pobres no tenemos residencia, eso lo dejo para los que pueden disfrutar del sueño. Y, ante este horror que cada año me roba el descanso, me pregunto si es legal, sí, sí, no se rían, que no sé si es legal tener a una orquesta dantesca tocando las mismas canciones horteras una y otra vez, que de tanto oirlas se me cuelan en la cabeza y las tarareo como si fueran una nana, solo que no, que no es música para dormir, es música para volver a uno loco, así que poco a poco esas notas discordantes y esas letras imposibles me martillean hasta que creo que no puedo más, pero sí, que más que fiestas creo que se trata de una técnica que utiliza el poder para demostrar que la pesadilla de Anthony Burgess es real, y que, sí, podrías convertirte en uno de ellos. Entonces, de repente, te duermes y sueñas con que te llamas Alex.

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