Diario de León
Publicado por
Julia Navarro
León

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S i a Artur Mas le quedara algún resto de dignidad política, daría un paso atrás y se retiraría de la primera línea de la política. Y si en Convergència queda algún resto de cordura, daría marcha atrás en su aventurerismo que le está llevando a quebrar la legalidad y a dar un golpe contra la democracia.

Artur Mas se ha convertido no sólo en un rehén de la CUP, sino en un rehén de sí mismo, de sus desatinos, de su ambición desmedida, de su manera tramposa de hacer y estar en política.

Me pregunto si no siente vergüenza al verse vapuleado por todos los partidos de la oposición y humillado por la CUP. En realidad, la CUP, una formación de extrema izquierda que, si se mantiene fiel a sus principios, no puede votarle como presidente de la Generalitat ni ir de la mano de un partido como Convergència, enfangado en la corrupción. Pero ya se sabe que la política hace extraños compañeros de viaje y que a quienes se les llena la boca de grandes palabras al final rebajan sus postulados moralistas instalándose en que el fin justifica los medios, y en este caso, la independencia de Cataluña justificaría aliarse con los paladines del 3%. Porque, por mucho que Convergència se haya refugiado en Junts pel Sí, es evidente que esta coalición que también integra a Esquerra y a independientes se mueve bajo el aliento de los convergentes.

Si aún quedan en Convergència dirigentes con sentido común, ya digo que deberían alzar la voz para revertir la situación y volver a colocar a su partido en la legalidad y no al frente de un «golpe contra la democracia». Deberían también hacer una limpia, abrir puertas y ventanas, airear su formación y poner punto final a una época. Soltar lastre, con su fundador Jordi Pujol inmerso en uno de los mayores escándalos de corrupción. Desde CiU no se han cansado de decir eso de «España nos roba», pero en realidad quienes han saqueado Cataluña han sido ellos mismos. Antonio Baños, el líder de la CUP, le dejó dicho a Artur Mas que volviera el jueves al Parlament. Y este jueves, Mas, agachando la cabeza, volverá a someterse al escrutinio del Parlamento. En realidad, Mas compone un personaje patético, lo peor de la política es lo que él encarna.

Mientras tanto, la maquinaria del Estado se ha puesto en marcha de manera inexorable para parar el intento de golpe contra nuestra democracia. Pero será difícil perdonar a quienes lo han puesto en marcha, lo han alentado, se han mantenido equidistantes o han apoyado con su silencio cobarde un proceso que consiste en situar a Cataluña fuera de la legalidad.

Ya lo he dicho, Mas es rehén de la CUP y de sí mismo, pero él y su partido, junto a Esquerra y todo ese conglomerado que forma Junts pel Sí y en compañía de la CUP, han tomado como rehenes al resto de los catalanes, a todos aquellos que no piensan como ellos. Es una manera burda de pisotear la democracia.

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