LEÓN EN VERSO
Va a nevar
Va a nevar; y como siempre que lo hace se van a abrir paréntesis de silencio para inundar un hábitat que enmudece cada vez que el último crepúsculo de octubre baja las trapas de León. Tiene que nevar porque no hay forma posible, si no, de sacarse de encima esta niebla rastrera y meona que se mete en los huesos y despierta las causas reumáticas que desatan ese aluvión de achaques que ponen las consultas a reventar y, al final, terminan por saturar las urgencias. El frío es una parte del paisaje leonés que no se puede ni disimular en las postales, premonitorias de los selfies con los que la modernidad llena el catálogo de recuerdos de esta tierra. Va a nevar porque no se puede limitar con el reino de Frozen y creer que el bienestar que se sortea junto al cálido mediterráneo se puede repartir puerta a puerta, como el periódico y la botella de leche en las casas de los residenciales de Long Island. Aquí el invierno se combate con abrigos severos, que apenas dejan un resquicio para mirar sin que la ventisca glacial amontone los copos a los pies de los párpados. Va a nevar. Lo cantan los gallos al amanecer y lo sabían los que convocaron a las urnas en medio de esa boca de lobo que es diciembre, con las eléctricas a pleno rendimiento y la bombilla a full time desde las cinco de la tarde. Se extraerán lecciones sociológicas y demoscópicas si resulta que un frente de los que se colocan junto a la visera norte de León acierta a alegrar la decoración navideña en vísperas del día de la lotería; será interesante comprobar hasta qué punto están los leoneses dispuestos a jugarse el pellejo bajo falampos por el interés de los políticos. Y ver en cuántas residencias de la tercera edad se programan excursiones, con el voto en el sobre y el sobre en el bolso del tabardo, en un día en el que asista una temperatura media de las que acontecen por León a la hora del solsticio de invierno; eso, sin que el viaje se agrave con una cuarta de nieve debajo de las alpargatas. Dejaron pasar por alto la probabilidad de que la nieve estropee el viaje a la urna en la fiesta de la democracia en una tierra en la que hay que hacer más kilómetros para llegar al colegio electoral que a la farmacia más próxima y genere una odisea si se pone plomizo y la carretera amanece con traves; ese día y los sucesivos. Igual, cuando acierten a despejar el paso ya tomó posesión el nuevo gobierno. Va a nevar; se desgañitan los gallos.