Diario de León

Publicado por
Carlos Antón roger funcionario de prisiones
León

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L a explicación es clara; ya en el propio título, la vivimos todos y cada uno, día a día; intentaré explicarme: Los modelos de conducta que tenemos o incluso adoptamos, nos remontan a toda nuestra historia; y actualmente con más intensidad, los entendemos e incluso los copiamos, queriendo por tanto estar a la altura de la generalidad, es lo que nos demanda la sociedad actual, pero el error, se nos manifiesta a muy corto plazo; en el polo opuesto o extremo de nuestra actividad o activación cotidiana. La ansiedad.

Para el hombre digamos actual, moderno, gastar dinero y consumir se manifiesta como un rasgo definitorio de su carácter. Nos desproporcionamos en mayor o menor medida en tareas tan simples, llevadas a cabo, que la energía que dedicamos, se transforma en un necesitar el reconocimiento de todo y de todos; y nos vemos fuera de lugar (siempre lo pensamos o meditamos más tarde) por la tensión acumulada anteriormente, pero desproporcionada a la actividad simple que pretendemos realizar.

Nos bloqueamos en nuestro proceso simple de cognición y el resultado es que la diferencia entre lo que se espera, es demasiado grande en comparación con lo que nos encontramos. Intentaré escribirlo en un marco de comprensión general:

Trabajo, tareas cotidianas, familia, hijos e incluso amigos, nos exigen (nosotros mismos nos exigimos) grandes dosis de resistencia interior y tomadas de una en una y día a día, las sobrellevamos de esa manera).

¿Pero quién o a quiénes no se le juntan todas de golpe?, a casi todos, y es en ese día o instante, que nos desbordamos interiormente, manifestando hipócritamente una conducta, para nada acorde al modelo que de nosotros tienen los que habitualmente nos rodean. ¿Pero qué le pasa a este hoy? ¡Está algo raro! ¡le desconozco!

Mi definición particular ya dicha, la intuyo como los «efectos secundarios»; que nos aportan y afloran al mismo tiempo, la preocupación o preocupaciones, el pensamiento obsesivo de nuestras ideas, las sensaciones contrarias e incluso las emociones persistentes en todo el campo ya mencionado; todo en su conjunto, que tanto tiempo nos ha costad erradicar, pero como «droga», nos ata a las ideas colectivas, y son precisamente ellas las que no nos dejan pensar en libertad.

Si el que posee mucho, valga como ejemplo, ahorra, lo tachamos de ávaro, al contrario lo percibimos en la actualidad, con un carácter peculiar, nada acorde con el tiempo y circunstancias presentes. Repito, las fuentes externas manejan nuestras vidas e inclusive, la propia familia, ¿cierto?

La alegría fomenta la salud, aunque el doctor Erik Fromm, la recomendaba en pequeñas dosis, yo la entiendo que cuando se prolonga, nos engancha de tal manera que se convierte en bienestar interior, propio e independiente del resto, si no es felicidad mal entendida o supeditada a elementos externos, sobre todo en los momentos de mayor ansiedad y nos ofuscamos en rebuscar nuestros errores en verdades de las que a nadie le gusta abusar; porque siempre debemos tener claro, que esas personas que admiramos como «grandes» potentados saben asimismo la exacta noción de su pequeñez y son ellos mismos, con todos u poder y dinero que pueden medir el cielo y tierra, pero jamás nuestras mentes, pero nos dejamos manejar y seguiremos en ese camino: esa es la gran libertad y los efectos secundarios a los que debemos sustraernos (la influencia de la lengua instalada en otra con posterioridad) y al igual que la felicidad, efímera, de cada cual, sin consentir en acabarla, sino como algo que comienza al día siguiente.

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