Diario de León
Publicado por
fuera de juego carlos frá
León

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L o del frustrado traslado del Conservatorio, unido a la multa al primer director del Inteco por manipular la obra para que fuese inaugurada para mayor gloria de ZP, hacen evidente que seguimos sin superar esa predisposición patrimonialista que tienta a los políticos cuando ocupan los despachos. Escuchamos con frecuencia lo de la vocación de servicio público, lo de la búsqueda del bien común... y otras tantas coletillas que se diluyen en cuanto existe margen de maniobra.

Todos y cada uno de los edificios candidatos a albergar el Conservatorio, al igual que el Inteco, hoy Incibe, son propiedad de la ciudadanía, y supone un flaco favor al interés general el anteponer egos y ambiciones de incensario en la ínsula que toca en suerte.

Llama la atención cuando se suscita un debate como éste el que de repente desde todas las instituciones, asociaciones, partidos... y colectivos y oenegés se acuerdan de que existe algo —en este caso el Conservatorio— a lo que nunca prestaron el más mínimo caso —se cayeran techos o tuviese problemas de accesibilidad— y salen en tromba con recetas y buscando rentabilidades. Entre todas la ideas oídas me quedo con el traslado a La Virgen. Allí tenemos el aeropuerto —propiedad de todos los contribuyentes—. Es amplio, moderno, con escaso uso, bien comunicado, con buen aparcamiento... E incluso ya tiene cafetería, que es lo primero que nos enseñaron del proyecto del estadio.

Lo que da todo es sensación de pasteleo. Cada uno quiso arreglar las cosas en casa ajena pero intentando defender el huerto propio escopeta en mano. Y entre tanto fuego cruzado se echó en falta que alguien pensase en el ciudadano. Ejemplo: a las oficinas de la Diputación acuden personas de fuera de la ciudad. ¿No irían mejor ellas al estadio donde se aparca sin los problemas del centro?

En esta especie de intercambio de cromos llama la atención que nadie se recuerde que colindante con la Delegación de Educación hay un edificio público sin uso —escuela de minas—...

¿Dejamos Botines para despachos de esa especie de remake cajista que evidencia que no aprendimos nada y volvemos a lo de tú pon ahí al jefe de mi esposa y tú al de mi pueblo...? Botines es todo lo que queda de los ahorros de generaciones de leoneses, y sólo porque es imposible llevarlo al marítimo de Málaga.

Parece que en poco tiempo tendremos otra ínsula Barataria en León...

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