Democracia
La democracia tiene sus riesgos, ¿verdad? Lo saben muy bien en el Reino Unido, que va camino de estar fuera de la Unión Europea después de que los partidarios del Brexit se impusieran en referéndum. Lo saben en Colombia, donde una mayoría de la minoría que ha votado lo ha hecho para rechazar el acuerdo de paz firmado por el Gobierno con los guerrilleros de las FARC, que debía poner fin a medio siglo de violencia. Lo temen, al riesgo de ir a las urnas, en los Estados Unidos, donde tiene posibilidades de ser presidente de la primera potencia económica y militar del mundo un candidato xenófobo como Donald Trump, que amenaza con levantar un muro con México para frenar la inmigración, prohibir la entrada a los musulmanes y echar por tierra todo el sistema de alianzas internacionales que sustenta el precario equilibrio en el que vivimos. Imagíneselo con el botón nuclear.
Lo saben, claro que lo saben, en Hungría, donde el gobierna una derecha aún más xenófoba que Trump. Y lo saben de sobra en Filipinas, donde el presidente es un cacique local que llama hijo de puta a Obama en sus discursos. Y tan ancho.
Todos llegaron donde están, o están a punto de llegar, gracias a las urnas. Y gracias a las urnas, es un hecho histórico de sobra conocido, alcanzó Hitler el poder en 1933 para llevar el mundo a la guerra.
Aquí, en España, también hay miedo a votar. Miedo a votar por tercera vez en unas elecciones. Miedo a que Rajoy gane de largo, por cansancio. Miedo a que los catalanes voten en un referéndum si quieren seguir siendo o no españoles. Miedo en el PSOE —auténtico pavor, diría yo viendo el bochornoso, torpe golpe de mano que han montado para descabezar a Pedro Sánchez— a que vote la militancia. No se fían.
Pero la democracia, con todas sus imperfecciones, sigue siendo lo mejor que tenemos. A pesar del voto cautivo, del voto del miedo, del voto manipulado, la democracia, dice una frase muy manida y muy cierta, es el mejor de los males.
Porque más miedo hay que tenerle a no tener democracia, o a que la disfracen, a que diseñen estrategias de trileros para no consultarnos. A que todo sea una fachada, un discurso vacío, y de una forma o de otra, siempre nos gobiernen quienes nunca se presentan a las elecciones.