Diario de León

TRIBUNA: La polémica de los deberes escolares

Publicado por
Isabel Cantón Mayo. Catedrática de la Universidad de León
León

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Se trata de un tema recurrente en la educación como el monstruo del Lago Ness o la supuesta vida de Elvis. Cuando nos preguntan por el tema a los que nos dedicamos a la educación, yo suelo narrar que comienzo mis clases a los futuros maestros con una viñeta gráfica de un periódico nacional en la que aparecen dos padres, un niño y un maestro. El maestro lacayo tiende una alfombra roja por donde desfila ufano y bien echado hacia atrás en paseo triunfal un niño con cetro y corona. Los padres lo miran asombrados y el padre increpa a la madre: querida, levántate cuando desfila el niño. La idea es lo que les espera de confrontación profesional con uno de los temas polémicos en la forma de educar: pedagogía complaciente versus pedagogía del esfuerzo. Los deberes son un buen ejemplo de esas dos formas opuestas de ver la educación. Tienen larga tradición en la Pedagogía y en la Didáctica y es un tema nunca resuelto. Vaya por delante la necesidad de mesura tanto en una como en otra postura. Sin embargo es necesario reflexionar a dónde nos lleva cada uno de esos caminos.

En primer lugar la supuesta huelga de deberes hace un inmenso daño a los niños propiciado, aunque sea de forma inconsciente, por los padres. En plena etapa de formación se enseña a los hijos a oponerse a lo que los maestros enseñan y mandan. El niño entra en contradiciones: entiende entonces que esa figura del maestro no es muy importante y que puede no seguir sus enseñanzas; por ende lo puede hacer extensivo a los padres, la otra fuente de autoridad. ¿Por qué hay que seguir las enseñanzas del maestro en la escuela y oponerse a ellas fuera del aula? Ello marcará algunas de las convicciones para la vida que están asentándose en esta etapa evolutiva. Por ello la oposición a los deberes de la llamada «confederación de padres compasivos» puede contener un peligroso boomerang que con el tiempo les hiera en su propia cara.

En segundo lugar la huelga de los deberes perjudica a los más pobres: los pudientes desean quitarlos porque sus hijos disponen de un extenso horario en lo que se ha llamado currículum paralelo bien enriquecido: clases de idiomas, de informática, de música, etc. Claro que entonces no necesitan deberes de la escuela, los tienen de casa y son mucho más extensos y completos. Pero quien no puede pagarlos, se quedará sin los deberes y sin los complementos enriquecedores del currículum a través de los deberes. Un conocido periodista lo expresaba diciendo que la huelga de los deberes «capa el futuro del niño pobre y malcría definitivamente al niño rico».

A ello se une la formación personal del deber, de concentración, de voluntad y de esfuerzo que significa el trabajo diario y la responsabilidad de asumirlo desde pequeños. Una media hora de trabajo en casa no supone ningún trauma ni quita tiempo para el juego (puede que sí para la tele o el ordenador, aunque poco) y crea el hábito de revisión, de repaso y de sobreaprendizaje que puede obtenerse con la revisión sosegada de lo que se ha tratado en clase, de volver a digerir el volumen de cuestiones que se pasaron apresuradamente en la escuela y que se deben asentar en la soledad del estudio personal: frente al aprendizaje superficial, el aprendizaje profundo. Delimitar el tiempo de juego y de aprendizaje es una falacia: siempre estamos aprendiendo, sea de forma consciente o inconsciente en forma de aprendizaje formal e informal y si ese aprendizaje se hace jugando, mejor. Ya lo señalaba Cossío en uno de sus escritos memorables: «que el niño aprenda jugando».

Este desencuentro entre padres y maestros que se plasma en la polémica de los deberes, como ocurre con el divorcio, a quien realmente perjudica es al niño. Diferentes estudios muestran que los niños pasan más horas semanales frente al televisor y con los juegos electrónicos que en la escuela y con los libros. El incremento de ese tiempo en detrimento del tiempo escolar solo traerá mayor caída del conocimiento y del saber en los escolares. El amor al conocimiento y al saber se incrementa y retroalimenta conociendo y sabiendo. Hay que tener en cuenta el progresivo declive del sistema educativo español en los sucesivos informes PISA, ya que somos el único país de la OCDE que desde el año 2000 baja puestos mientras que otros los suben. Negar validez a estos informes para sustentar la supresión de los deberes es un argumento de avestruz al igual que negar la evidencia de la evaluación que no nos gusta porque nos suspende.

Finalmente, aunque se pueda aceptar una racionalización del tiempo dedicado a los deberes, coincidimos parodiando a Einstein en el dicho de que, si los deberes nos parecen muchos, probemos con la ignorancia.

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