La evolución de Ciudadanos
L a génesis de Ciudadanos es conocida, y de hecho constituyó la primera movilización masiva contra el rumbo emprendido por uno de los dos grandes partidos vertebrales del país. En las elecciones catalanas de 2003, a las que ya no se presentó Jordi Pujol, el PSC, dirigido entonces por Pasqual Maragall, ganó en votos aunque no en escaños y decidió formar un gobierno tripartito con ERC e ICV —el equivalente a Izquierda Unida en Cataluña— que resultó tener una potente impronta identitaria. A partir de 2005, sectores del socialismo catalán contrarios al nacionalismo que había gobernado hasta entonces el Principado no se sintieron representados por aquella coalición —que, por ejemplo, mantuvo en vigor las severas sanciones contra os comercios que rotulaban en castellano—, formaron la asociación ‘Ciudadanos de Cataluña’, empezaron a hacerse oír y publicaron un primer manifiesto tendente a organizar un nuevo partido político de centro-izquierda en Cataluña. Entres los quince intelectuales implicados en la operación estaban Francesc de Carreras, Félix de Azúa, Albert Boadella, Félix Ovejero, Arcadi Espada, Carlos Trias Sagnier, etc. En 2006, la asociación empezó a plantear su conversión en un partido político ‘Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía’, que ya se presentó a las elecciones autonómicas de aquel año, con Albert Rivera como líder y candidato por Barcelona.
A partir de aquel desarrollo catalán y bajo el liderazgo indiscutible de Rivera, Ciudadanos se ha ido extendiendo por todo Estado y en las instituciones centrales, aprovechando inteligentemente en declive de las grandes organizaciones a consecuencia de la gestión de la crisis económica y global. En las elecciones europeas de 2014, Ciudadanos (como Podemos) consiguió un resultado más que testimonial, y el medio millón de votos obtenidos (más del 3% de los sufragios) le proporcionó tres eurodiputados (Nart, Girauta y Punset). En las generales de diciembre de 2015, Ciudadanos fue ya la cuarta fuerza del Estado, con el 14% de los votos y 40 escaños. El 26-J logró el 13% y 32 escaños.
Ciudadanos es ya por tanto un potente partido bisagra, lo que le obliga a profundizar en su espacio político para consolidar su espacio.
La opción que parece haber elegido Rivera es la de afirmarse como un partido liberal-progresista, al estilo del FPD alemán, que desempeñó un envidiable arbitraje entre los dos grandes durante mucho tiempo. La decisión, que ahora deberá confirmarse en febrero en la asamblea del partido, parece atinada porque no era semánticamente defendible ser a la vez liberal y socialdemócrata. Pero Ciudadanos es actualmente un activo frágil que debe esmerarse en realizar un permanente ejercicio de coherencia interna. Después de todo, su éxito se ha debido tanto a su buen hacer cuanto a los errores ajenos.