Diario de León
Publicado por
EL MIRADOR Diego Carcedo
León

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A algunos les parece que fue ayer cuando la voz más potente del No-do anunció a los españoles la gran noticia: se había descubierto petróleo en Burgos, acabarían nuestras penurias heredadas de la guerra y prorrogadas por el aislamiento al que nos condenaba la dictadura. Éramos los más amigos de los árabes, uno de los pocos países que no reconocían al Estado de Israel, pero el petróleo había que pagarlo a tocateja y al precio más elevado que fijaba la Opep.

Estaba comenzando el verano de 1964 y la euforia que generó la ilusión de tener la gasolina a precio de salgo se extendió por toda España. El régimen estimulaba la esperanza de convertirnos en autosuficientes en el consumo de combustibles líquidos. Fueron semanas de alegría compartida con el nombre de Ayoluengo enarbolado como el símbolo de una nueva era de riqueza y prosperidad. Empezaron las prospecciones acompañadas con profusión de grandes reportajes periodísticos.

Pero fue una alegría efímera. Enseguida se fue sabiendo que el yacimiento era de escasa importancia y que la producción influiría muy poco en el mercado nacional. Los porcentajes que se iban conociendo resultaban insignificantes y la calidad del crudo tampoco era la mejor. Pasado el tiempo quien más quien menos se había olvidado de Ayoluengo y el yacimiento con sus caballitos subiendo y bajando como atractivos infantiles de feria apenas se convirtió en lugar de visita turística.

Todas las exploraciones posteriores dieron resultados desalentadores y los cerca de cuatro mil barriles diarios que llegaron a extraerse se fueron reduciendo hasta 150 que produce en la actualidad. Los pozos petrolíferos de Ayoluengo dejaron de ofrecer interés salvo para los habitantes de la comarca de La Lora que no se resignaban ante la realidad de un subsuelo mucho menos impregnado de ‘oro líquido’ de lo que ellos habían llegado a creer que estaba.

Todavía quedan quienes albergan la esperanza de que el agotamiento de las reservas ya no justifique la explotación. Algunos siguen soñando con que llegará otra empresa dispuesta a empezar de nuevo a pesar de que los expertos repiten que el descenso del precio del crudo y el descubrimiento del fracking está llevando al abandono de las explotaciones menores en todas partes. ¡Qué se va a hacer! El sueño del petróleo se fue diluyendo y estos días, después de 53 años, se despide.

Los sistemas de extracción dejan de funcionar y el Gobierno cancela la concesión de las explotaciones. Ayoluengo, y de hecho toda la comarca de la Lora ha progresado gracias al petróleo mientras duró. Ahora apenas queda ya el recuerdo de aquellos días tan felices, el último reclamo para la curiosidad que ofrecen las oxidadas instalaciones y el valor periodístico e histórico de las imágenes que las hemerotecas conservan de aquella ilusión que el petróleo nacional propició.

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