Diario de León
Publicado por
MIGUEL PAZ CABANAS
León

Creado:

Actualizado:

A pesar de que han pasado por él cientos de personas y de que se trata de un inmueble con un nivel de protección equivalente al de la Catedral, el Complejo Abelló sigue siendo un desconocido para muchos leoneses, a la manera de lo que sucede con nuestra ciudad a nivel nacional. Sin embargo, y desde hace casi dos décadas, primero como emblema del Plan Urban y luego como centro de formación y orientación laboral de Ildefe, ha albergado experiencias que a veces también han pasado desapercibidas. Una de las últimas, denominada «Centro Joven: Escuela de Segunda Oportunidad», ha venido desarrollándose a lo largo de un curso en parte de sus instalaciones. El proyecto ha consistido en ofrecer formación y tutorías personales a un grupo de jóvenes que, mientras adquirían competencias laborales, fabricaban o restauraban muebles que ahora se van a donar a entidades sin ánimo de lucro. La idea merece que se explique con un poco más de detalle: estamos hablando, por una parte, de muchachos que, por diferentes motivos, habían dejado temporalmente los estudios y se encontraban sin oportunidades a la vista, y que gracias a esta iniciativa podrán acceder con más posibilidades al mercado laboral, o bien (como ha sido el caso de varios de ellos), reincorporarse al sistema educativo reglado. Por otra parte, mientras aprendían técnicas de carpintería, reciclaban muebles extraídos de los puntos limpios que ahora, al finalizar el curso, serán entregados gratuitamente a fundaciones o asociaciones que trabajan con personas en riesgo de exclusión social: los muebles serán destinados, precisamente, a pisos tutelados o casas de acogida gestionados por esas entidades.

Este proyecto, que a lo mejor no tiene la repercusión mediática que otros políticamente más vistosos, guarda, sin embargo, algunas premisas que lo hacen socialmente necesario: no solo porque ofrece formación a jóvenes sin estudios, o porque sus actividades poseen una dimensión ecológica y solidaria, sino porque, de una forma humilde y silenciosa, conecta las aspiraciones de unos muchachos con la posibilidad de ayudar a personas anónimas que probablemente no conocerán nunca. A mí me conmueve la imagen de esa mesa que viaja desde un solar olvidado y que, después de pasar por las manos de un aprendiz, acaba acompañando la vida de alguien que, a lo mejor, ha hecho también un viaje largo y difícil desde un lugar o una experiencia desoladoras. De repente, esos muebles se transforman en una metáfora, como lo es el propio Centro Abelló, antigua fábrica de productos químicos reconvertida en un espacio donde las personas buscan nuevas oportunidades: como a veces ocurre con esos negativos que guardábamos celosamente en un baúl.

tracking