TRIBUNA
Tenemos dos reyes excepcionales

L a verdad que España está llena de refranes y que los españoles nos agarramos a ellos con fuerza porque encierran mucha verdad. Me viene esto a la cabeza cuando pienso en los reyes que tenemos y, de forma casi automática, pienso en uno de nuestros refranes, «vemos muy fácilmente la paja en el ojo ajeno pero difícilmente la viga en el nuestro».
De alguna forma, nuestra monarquía no ha sido siempre bien tratada. Por fas o por nefas, demasiado frecuentemente, nuestros reyes siempre han sido pasto de críticas, de chistes, de comentarios de dudosa elegancia, en fin, de lo que hay en España, con las debidas excepciones.
Primero fue el rey Juan Carlos y su vida privada la que estaba siempre en boca de gente retorcida que veían ese aspecto del rey, que lo tuvo, pero ignoraban sin embargo la enorme cantidad de acciones que llevo a cabo, como rey, siempre en beneficio de España.
Consecuencia de la abdicación del rey Juan Carlos, llegó al trono su hijo Felipe que, poco a poco y después de superar ni se sabe las críticas por casarse con quien se casó, fue poco a poco adentrándose en lo que debe ser un rey moderno para un país moderno. Ahora que se cumplen tres años en el trono, no sin momentos de sufrimiento a decir de las gentes cercanas, ya que a él no se le conoce queja alguna o simplemente malestar, quiero hacer un alto en el estrés de la vida y de las noticias que nos bombardean cada día, para, de una forma reposada, intentar poner las cosas en su sitio, procurando ser lo más objetivo posible, con relación a nuestros dos reyes.
Ha sido mucho lo que el rey Juan Carlos ha hecho por España. Ha sido todo. No caigamos en las noticias y comentarios, desgraciadamente tópicos, de la vida privada de Su Majestad. Eso es lo fácil y también es muy nuestro, muy español. Preocuparnos más por lo personal, sobre todo cuando se quiere criticar, que de lo profesional que, en este caso en muchísimo y bueno. Con frecuencia constatamos que a nivel internacional, el prestigio del rey Juan Carlos, muy pocos personajes internacionales lo consiguen. Si no aceptamos que esto es así, es que vivimos en otro país o es que no queremos verlo. Pero es así. Casas Reales de Europa, Asia, Oriente y jefes de Estado y presidentes de Gobiernos de todo el mundo, lo reafirman en cada momento. No digamos nada del respeto que le profesan de siempre los países sudamericanos, con alguna excepción que todos pensamos, y que da pena solamente conocerlo. Ha sido y es mucho rey, don Juan Carlos I.
Recurríamos al principio, al magnífico y certero mundo de los refranes y no quiero separarme de ellos. ¿Verdad que hay uno que dice ‘de tal palo tal astilla’?
Me agarro a él para escribir unos renglones sobre el rey Felipe VI. A los refranes, pienso, les ocurre lo que a las encuestas. Quizá no sean exactos pero sin ninguna duda, marcan una tendencia. Y este es el caso. Lógico que el rey Felipe no sea como su padre, pero también está claro que, en muchos momentos, sigue sus huellas, cuando no sus consejos como todo hijo haría con su padre. Hay continuidad, pero incorporando la juventud, la modernidad, la actualidad y el encaje dentro de una época donde la tecnología y los adelantos nos están superando.
El rey Felipe pasa por ser, en estos momentos el rey mejor preparado de todas las casas reales. Inició su preparación desde niño y está reconocido que ha colmado todas las expectativas.
Es un rey muy joven, muy bien preparado, muy actual, y que siempre pone a España por delante en todos sus actos. Las encuestas (la tendencia) dicen que, cada vez más, es muy aceptado por los ciudadanos. En lo personal, es un hombre muy amante de la familia, haciendo honor a su educación, muy afable y un gran deportista que lo fue de siempre.
Sus opiniones y actitudes son cada vez más y mejor valoradas en nuestro país y fuera de nuestras fronteras. Los españoles tenemos que estar felices de tener al rey Felipe y de haber tenido al rey Juan Carlos.
La Corona española, en silencio, va construyendo valores que siempre redundan en el bien de nuestro país. Y eso es importante.
Termino con otro refrán; detrás de un hombre importante, siempre hay una mujer excepcional. Ahí, están nuestras reinas.