AL TRASLUZ
Retortijones de pasado
Cuánta razón tenía el historiador García Cárcel con aquello de que «Cataluña es una sociedad enferma de pasado». Pero es enfermedad imaginaria, como las de aquel personaje de Moliere. Los actuales retortijones de Puigdemont no son la consecuencia de que le duela un siglo, sino de su empacho separatista. Cataluña no se merece caer en manos de esta tropa. Por un parte, de los políticos que protegen el capital de cuatro familias, que han estado robando durante décadas y ahora creen que la única manera de esquivar la ley es separarse de España; por otra, de la izquierda radical convertida en ganzúa de una gobernabilidad. Supongo que los catalanes de bien habrán dado algo más que un respingo ante la petición de la CUP, para que la catedral de Barcelona sea expropiada para equipamientos públicos, entre ellos un economato y una escuela de música. Toma pasado, y del rancio. El presidente del grupo municipal del PP en el Ayuntamiento de Barcelona ha declarado, con la sorna de a quien ya no le sorprende nada o casi: «Cualquier día propondrán hacer de la Sagrada Familia una comuna o del Camp Nou un campo de porros». Cualquier día no, mañana mismo si pudiesen. Ésta es la república que quiere montar la tropa. Estos son a quienes hay que parar los pies, con las razones del Derecho.
Hablando de pasado. A Julio Iglesias le ha aparecido un hijo valenciano de 41 años. Expresado así, suena como si hubiese nacido ya tan crecidito. Dado que, según el cantante confesó hace mucho, se había acostado con más de 3.000 mujeres, podemos conjeturar que aún pueden salirle otros trescientos, qué menos. Dentro de unos años empezarán a salirle a Paquirrín, que también tiene su pretérito turbulento.
El otro día se me preguntó en La Bañeza dónde había nacido Cervantes. «La mayoría de los expertos coincide en que era de Alcalá de Henares», respondí. Y añadió: «Es que dicen que fue catalán». Lo dice la tropa. La misma que se han inventado un pasado de agravios, pero su chifladura es cierta. Qué razón tuvo Unamuno al esgrimir que esto nuestro de España sólo se arregla si partimos a buscar el sepulcro de don Quijote. ¿Por las montañas de León? O por las de Turulustán. Que aun más importante que hallarlo es buscarlo juntos.