AL TRASLUZ
La ley del deseo
Cuatro enormes tinajas han aparecido en la plaza de San Ana, como consecuencia de la demolición de un inmueble abandonado. Nada más ver el tamaño de las mismas exclamé aterrado: «¿Quién o qué pudo beber a morro de ahí?» Y me acordé de un amigo que mantiene que la Catedral de León se construyó con ayuda de cíclopes llegados del espacio. Un tanto estrambótico como teoría, cierto, pero él es muy buen chaval. De cualquier forma el suyo no es desbarre menor que el de quienes mantienen que Cataluña fue anterior al Big Bang. Por fortuna, enseguida me han aclarado el misterio de tan inquietante tamaño: era el habitual cuando se utilizaban como almacenamiento al por mayor. Menos mal. Eran de anteayer. Aun así, cierto recelo no se me pasa. He visto mucho cine de terror. ¿Están seguros los especialistas que son inocentes tinajas? También lo de Alien parecían meros huevos, y luego llevaban dentro bicharraco hambriento. ¿Se comprobó si había algo en el interior de las mismas, aunque sea bueno? Porque mira que si en una de ellas hubiese un genio de esos que conceden tres deseos. Los dos primeros los tengo muy claros, pero en el tercero dudaría entre una cita con Jennifer López o que la Cultural ascienda a Primera. En fin, ese mismo amigo mantiene que el genio de los tres deseos sólo se les aparece a los de Valladolid. Ay, la política. Lo cierto es que nosotros somos más de que se nos aparezca el hombre lobo.
Por cierto, hablando de deseos cumplidos. Kiko Rivera ha aparecido en público sin su barriga. Ahora parece un playboy caribeño. El dinero es su lámpara de Aladino. Le han metido una especie de corsé dentro del estómago, de manera que lleva la grasa retenida a presión, como si estuviese en el camarote de los Marx. Esperemos que el artilugio resista y no se le salten los corchetes. Él mismo contó en un «reality» que hubo un tiempo en que desayunaba solomillos. Le creemos. Ahora, tendrá que pasarse a las chuletillas. Y a la plancha.
Y sí, bien hubiese estado que —al menos— una de esas gigantescas tinajas llevase dentro un genio dispensador de deseos. Pero sólo son barro cocido. Ecos del pasado reciente. Y sin embargo... qué bellas en su perfecta geometría. Cuatro sanchopanzas de aquí.