cartas al director
La Cabrilesa
E sperabais que hablara de Leonardo. Vaya zasca. Resulta que se trata de algo más feo y arrugado. Monalisa es una de las mejores variedades de ese tubérculo que engorda tanto si lo fríe McDonald. Sí, lo habéis adivinado, solanum tuberosum... pero qué ricas están y qué juego dan, me río yo de las ostras. El primero que se comió una tenía que tener más hambre que un preso. O más hambre que el Lazarillo de Tormes, que mira que me da a mi ternura ese peque, pobre, le ponía yo un buen cocido maragato y de paso le calzaba unas zapatillas nike. Y, fijaos, hubiera aluci/flipado en colores, sin embargo aquí nuestros teenagers consentidos nos pueden tirar a la cara las dos cosas, los garbanzos y las deportivas. Y es que comer cocido ya no es cool, es una comida como antigua es como llamarse Arsenio o Telesfora. Ahora hay que comer cosas veganas y algas de colorines para ser guay. Todo muy bio. Claro que más bio que un garbanzo no sé yo.
Mi padre, por ejemplo, nació en una aldeita de León, cerca de Astorga, al pie del Teleno. Allí solo con que fueras un poco miope, estabas jodido, aún faltaban muchos años para que naciera el señor Afflelou. Vamos que la tierra tuvo que dar unas cuantas vueltas hasta que los rapaces de la zona usaran espejuelos y pudieran ver con claridad a los corzos y las raposas que les acompañaban y pudieran distinguir de noche en el firmamento una estrella de otra. Pues bien en esta aldeíta que a día de hoy y a Dios gracias no tiene ni panadería, no le faltaban las patatas o sea que la cosa viene de largo. Pero cómo Arguiñano tampoco ha existido siempre las patatas y lo verde en general, a mayores, como dicen allí, eran para los cerdos. Más agreste, si cabe allá por la Cabrera aún lo tenían más chungo, sirva como ejemplo este dicho que reza así. Jesús qué mundo tan grande Saceda, Noceda, Castrillo y Manrubio y aún dicen que hay más. Hubieran flipado con el google earth. Poneos en situación a mil y pico metros de altura, sin gps, sin coche, sin carretera, sin camino, sin móvil.... Bueno olvidar lo del móvil no le dé a alguno un ataque de pánico leyendo el cuentito de los... pues eso que recorrer 30 kilómetros podía ser una proeza y llevarte el día. Ay si hubieran tenido esos pobrines aunque hubiera sido el metro ligero que pasa por Boadilla, lento pero seguro.
Volviendo a la alimentación ya os he dicho que las papas eran para las bestias. Vamos con el pan, olvidar la opción de comprarlo en el chino de abajo y de incluir una barrita en el último momento en la compra gorda del Mercadona. El pan había que hacerlo y menuda trabajera. Primero siembra el trigo, a mano claro, y como allí hace un frío del carajo cuando la planta ya tenía cuatro hojitas a tomar por, quiero decir a tomar el viento del Abeseo y a hacer puñetas todo helado y a empezar de cero. Después de intentar hasta ponerle un abriguino a los robles a ver si templaba un poco, sembrar de nuevo y a rezar. Como no iban a ser católicos si no les quedaba otra... Luego cosechar, llevar el trigo al molino. Bueno primero constrúyete el molino piedra a piedra y sin las instrucciones del Ikea, que máquinas, estos maragatos, nevar el trigo como dice Juan Ramón Jiménez en el silbo del dale. A que ya estáis cansados y falta amasar, lo del horno, etcétera, Me imagino a mi tía Olimpia y mi tía Sabina con sus pañuelitos negros en la cabeza delante de una Thermomix, hubieran adorado claramente al bicho ese. Me las hubiera llevado al gym a bailar zumba. Bueno pues además de patatas tenían también judías, aunque ellos se alimentaban básicamente de vino, chorizo, tocino, y oye que no tenían colesterol que eso es un invento de los donuts y el petite suisse, alimentos ambos que ni en sus sueños cargaditos de orujo de endrinas hubieran podido imaginar.
Ya, suena un poco heavy pero creo que ya ha quedado claro que la vida antes era más dura, bastante más que las judías blancas sin remojar.
elena cadierno