Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Cuando el lector tenga el periódico en las manos ya habrá visto el último episodio de Cuéntame con la presencia en el reparto del hijo pequeño de los Alcántara. Más allá de los motivos personales y profesionales del interesado, resulta evidente que la serie llevaba herida desde hace tiempo. La noticia sobre los dineros de Imanol Arias y Ana Duato en paraísos fiscales nos hizo comprender hasta qué punto, en nuestro imaginario colectivo, creíamos que ellos eran sus personajes. Pero San Genero no era Camelot. También la ilógica muerte del personaje de Echanove, uno de los más queridos, nos desveló que las relaciones en el equipo no eran tan idílicas como creíamos. Pero el espejismo estaba en nosotros, son tan buenos actores y actrices que les hicimos de carne y hueso. Ahora bien, «Cuéntame» es la historia de una familia, pero aún más la de matrimonio que se ama: Antonio y Mercedes. Cuando leí que los guiones iban a ir cediendo protagonismo a los hijos arrugué la ceja, aunque me encantan los cuatro retoños. Carlos (Ricardo Gómez) y Karina (Elena Rivera) son maravillosos personajes secundarios, incluso mucho más que secundarios, pero la historia que más importa no es la suya sino la que se nos cuenta a través de Arias y Duato: la de un cascarrabias entrañable y su inteligente esposa. El amor que se tienen, pero también el que sienten por sus hijos y estos por ellos. La marcha de Carlos y Karina es un duro revés argumental, pero los indispensables son Antonio y Mercedes.

Los pocos defectos de Cuéntame quedan salvados por la maestría con que queda plasmado dicho amor adulto, en los buenas etapas y en las malas. ¿Qué ficción española ha conseguido tan largo logro coral? Pero, sí, el pilar maestro está en dos que son ya casi uno.

En un artículo en El País, Gómez se ha despedido con un artículo con la amabilidad y discreción que le caracterizan. En las últimas líneas del mismo informa de que mientras los espectadores estuviésemos viendo el episodio estaría sobre los escenarios con su «admirado y querido» Echanove. En efecto San Genero no era Camelot. Solo nos queda darle las gracias por lo mucho que él y Elena Rivera han dado a la serie… Adiós… ¿hasta su regreso? Ojalá.

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