SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?
¿Qué es España?
E l ser humano necesita pensar, es bueno para él. Y es bueno porque le permite recordar y recordar también es necesario. No existe lo que no se recuerda, lo olvidado condena a la nada nuestras vidas, experiencias, sentimientos, todo se pierde desde el momento que no es recordado. De vez en cuando necesitamos recordarnos quiénes somos, por qué somos de una manera y no de otra. Para dar respuesta a estas preguntas necesitamos partir del hecho que el hombre es un ser histórico en el que el espacio y el tiempo determinan su existencia.
Una dimensión fundamental de ese espacio es el ámbito geográfico y social más inmediatos en el que el ser humano vive. Podemos afirmar que en el caso de los españoles el término España puede resumir las dos coordenadas enunciadas. No nos podemos entender a nosotros mismos sin entender lo que es España.
España es una realidad histórica y como tal debe ser asumida. De nada sirven las críticas o teorías negacionistas sobre su entidad. Fue y es una realidad fruto de un devenir histórico que le permitirá ser también en un futuro. Quizás España sea el ejemplo más claro de un devenir histórico marcado por la más pura dialéctica hegeliana.
Afirmo lo anterior porque España, como toda realidad histórica, se ha visto sometida a una evolución permanente. Esta evolución se ha producido, quizás en mayor medida que en otras naciones, fruto de una dialéctica de tesis y antítesis. Fundamento esta afirmación en la gran variedad de sensibilidades, sangres, ideologías que forman el tejido social nacional. A ello se debe sumar la variedad de una climatología y geografía que en pocas naciones de similar tamaño se dan.
Esta variedad ha provocado graves conflictos históricos, se tardó mucho tiempo en entender que era necesario unirse para tener un futuro frente a las agresiones internas y foráneas. Sólo la visón de determinados monarcas, entre ellos la gran reina Isabel de Castilla, consiguieron dotar a aquellos que antes luchaban entre sí ahogados en mezquinas rivalidades, un sentido de unidad y trascendencia más allá del concepto limitado y deficiente de soberanía territorial.
España trascendió su ámbito geográfico peninsular para estar presente en todos los continentes. Podemos afirmar que no existe ningún lugar del planeta donde no hubiera un pedacito de nuestra patria o no haya un español enterrado. Esta epopeya fue posible precisamente por nuestra forma de ser, individualista, emprendedora, contradictoria y orgullosa. También se debe afirmar que aquello que nos conduce recurrentemente al desastre nos permite hacer grandes cosas.
España se encuentra en una encrucijada como en otras muchas ocasiones. Nada anormal, ya quedó dicho que como realidad histórica está sometida a los vaivenes de la historia. Lo anormal sería pretender mantener inalterable y ajena al paso del tiempo y acontecimientos un ente histórico, es por definición imposible.
Se puede deducir que España está abocada a grandes cambios, máxime cuando nuestra sociedad parece estar dividida sobre lo que queremos que sea. Pero, la cuestión clave radica en si acertaremos a definir y sobre todo a aplicar los cambios oportunos para el bien de todos. Tenemos a nuestro favor que España siempre ha sido muy sufrida y ha soportado todo tipo de envites, y es tan generosa que acoge incluso a los que quieren destruirla.
Es difícil destruir la patria, y aunque se nos critica mucho por indolentes, una de nuestras virtudes-defectos es que cuando alguien se empeña de forma tozuda en imponernos algo reaccionamos con vocación y convicción. Síntoma de ello es que en los últimos meses se ha pronunciado más la palabra España que en los último treinta años.
España, es pues, porque lo ha sido históricamente, algo más que un pedazo de tierra es una nación con todo lo que ello implica. Hemos dejado atrás, al menos la inmensa mayoría de los españoles, el carácter tribal para vivir en un territorio común con una voluntad de futuro basada en nuestra historia.