Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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Yo ya le quería. Me arrulla su humor inteligente, sin artificios (o con todos los del mundo). Le perdono incluso la recurrente querencia a lo escatológico, que tan repugnante me parece en otros. El racional absurdo que comparte con Buenafuente, esas dos mitades que dan forma la carcajada redonda, ocurrente; la que no aguanta la sonrisa porque estalla en risa de la que te sale de las tripas y te saca lo que de ponzoña rumiabas dentro.

Es el buen rollo. Lo mismo que me pasa con Arguiñano. Me da igual lo que ponga en los fogones, porque tiene cada día la receta que me recompone el humor y me alimenta de optimismo y ánimo. ¡Qué envidiable virtud, ser gente que contagia la sonrisa y convierte la empatía y la simpatía en epidemia!

Berto Romero ha dado una lección práctica de igualdad que envía a la papelera folletos y pancartas, soflamas y discursos huecos. El movimiento se demuestra andando. Su compañera en la serie Mira lo que has hecho, Eva Ugarte, explicó que él tenía un caché más alto. ¿Qué decidió? No hacer una sentada. No un manifiesto de respaldo moral. No exigir a la compañía que le pagaran a ella lo mismo. Sumaron los dos sueldos y lo dividieron a la mitad. La salomónica generosidad, en todo su esplendor.

Estamos a la vuelta de la esquina del 8M, en el aniversario del 8M que marcó el punto y a parte. La revolución estalló en todas las direcciones, como ocurre siempre. En su mayoría hacia el avance, el empoderamiento, y todos esos términos que provocan urticaria en quienes han salido impulsados en dirección contraria. Hacia la reacción temerosa y acobardada, incapaz de racionalizar lo imparable. Alimentada con entusiasmo por quienes llevan al extremo de la sensatez argumentos que no pueden entrar en las cabezotas a base de golpes de regla en la punta de los dedos. Quizá no cabe otra disciplina, aunque la mayoría evoluciona y opta, ahora con mayor entereza, entrega y respaldo, por la lucha de cada día en cada acción.

Llega el 8M envuelto en el Carnaval, con sus payasos y caretas. La actualidad no resbala con mondas de plátano, intenta el equilibrio en la pista de patinaje del diluvio de decretos rompedores. Llueven también candidatos, a saber por qué partido. Volveremos a preguntarnos ante las urnas si somos de los nuestros. O quién son los nuestros. O qué somos nosotros. Las pelotas del malabarista ruedan en el aire más que nunca.

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