Diario de León
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PANORAMA FERNANDO JÁUREGUI
León

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S on cuatro primeros espadas. Varones. Sin experiencia alguna de gobierno, son líderes de sus partidos, que se pueden definir como organizaciones ventajistas y poco transparentes. Buenos dialécticos. Ningún estadista. Fuera de los debates quedaron la España vacía, la España periférica, la España nacionalista (en los dos sentidos), la España femenina, la jubilada, la estudiante, la parada, la de los empresarios y la de los sindicatos... A mí, en estos debates, me faltan las voces de mujeres relevantes —me faltaron Arrimadas o Ana Pastor, sin ir más lejos—. De políticos autonómicos relevantes: creo que Núñez Feijóo, Urkullu, Juan Manuel Moreno, Miquel Iceta, Emiliano García-Page, Ximo Puig, Fernando Clavijo, Errejón, han estado demasiado silenciosos en esta campaña inane. Menudo Gobierno de concentración regeneracionista se podría hacer con estos nombres, aunque demasiado sé que es imposible. Eché de menos lo que Unai Sordo, José María Álvarez, Antonio Garamendi y hasta Ana Botín o Álvarez Pallete tengan que aportar a la construcción del país. Porque en el gran debate sobre cómo cohesionar y modernizar España deberíamos tener algo que decir, y no solamente en las redes sociales, todos cuantos quisiéramos hacerlo.

Comprendo que en un debate de las características de los habidos en Televisión Española y en Atresmedia no caben, no cabemos, todos los citados. No soy tan utópico como para plantear el debate universal. Solo digo que a mí se me quedan estrechos y pequeños estos juegos dialécticos. La regeneración democrática, por ejemplo, que es un apartado siempre dejado atrás, porque los candidatos piensan que a nadie nos importa. Los cuatro han acaparado casi todos los focos. A mí, en suma, los debates del tipo de los registrados en TVE o Atresmedia me saben a poco. Ni siquiera me emocionan como veterano observador político, y menos como ciudadano. Mi España no es la España de los cuatro jinetes de nuestro apocalipsis. Tres señores con corbatas y uno en camisa hablando básicamente de ellos. Tampoco la campaña está logrando atraer mi pasión política. Así que soy uno más de los indecisos: faltan cuatro días para las elecciones, tan decisivas, y sigo sin saber —aunque sé a quién no hacerlo— a quién diablos voy a votar. Espero no recordar demasiado la estrechez de estos debates cuando el domingo esté ante la urna, porque capaz sería de volverme a casa sin ejercer mi derecho ciudadano. Y eso sí que no.

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