Diario de León
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gosto no va a ser un mes tranquilo. Estamos en plena resaca de los bochornosos episodios que llevaron a la no-investidura. Y los líderes políticos, pese a su piel de caimán, son no obstante conscientes del descrédito que han acumulado entre la ciudadanía. Todos ellos. Nadie salió con bien del debate parlamentario de la semana pasada, que tendrá consecuencias indudables. Y alguno abandonó el hemiciclo consciente de que para él nada volverá a ser lo mismo. Toca ahora pensar, usar mucho el teléfono y un cambio de chip. Y eso empieza esta semana.

Es mucho lo que queda pendiente en las inminentes conversaciones entre Pedro Sánchez y Pablo Casado. El PP reunió a su junta directiva nacional, digo yo que para algo más que designar a Cayetana Alvarez de Toledo portavoz del grupo parlamentario en el Congreso y a Javier Maroto en el Senado. Pablo Casado, que es el que con menos rasguños ha salido de este lance, tiende manos tímidas: acuerdos de Estado para después de la investidura. Pero, ¿qué investidura? Algo habrá que hacer para llegar a ella. Insisto: la idea de algún tipo de gran coalición va abriéndose paso, aunque a una mayoría le parece un experimento demasiado arriesgado, más por inédito y por nuevo que por cualquier otra cosa. Ya lo decía Pompidou: el miedo y la pereza son elementos motores de la humanidad.

¿Y Podemos? ¿Y el clima interno en el PSOE? Ambos partidos —como el PP y Ciudadanos, por otro lado— tienen una fuerte estructura jerárquica. No conviene enfrentarse a los designios del jefe. Lo que ocurre es que en la formación morada el jefe ha ejercido tanto como tal y con tanto despotismo que su autoridad moral se ha debilitado mucho.

Y los socialistas no parecen demasiado conscientes de que son ellos los motores de este cambio que ha de venir: han callado tanto tiempo ante los vaivenes sin rumbo aparente de Pedro Sánchez y su guardia de corps, ante la incompetencia de las negociadoras, que parecen haber perdido la voz. Pero uno puede escucharla, sobre todo la de los veteranos, en privado, ya que no ante los micrófonos. Y esa voz indica que los más lúcidos saben que Pedro Sánchez, el afortunado (hasta ahora), no tiene garantizado su futuro político si no actúa en la dirección adecuada. Porque si ellos son los culpables de que llevemos tres años y medio de severa crisis política, puede que algunos ciudadanos empiecen a decir que tal vez haya que ir pensando en sustituirlos. Ni más, ni menos.

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