ENBLANCO
Mal rollo
SE respira, en general, una atmósfera turbia, de mal rollo. Si miramos a nuestro alrededor observaremos que a la gente cercana, o sea, al prójimo más próximo, le están sucediendo cosas desagradables u horribles, divorcios, enfermedades, crisis de ansiedad, paro laboral, atracos y si nos miramos a nosotros mismos observaremos que, por ser los prójimos de nuestros prójimos, andamos más o menos igual. Si echamos un vistazo al periódico la impresión no puede ser más calamitosa, así por las páginas de nacional con toda esa innecesaria y visceral crispación ante un problema político cual es el del País Vasco, como por las páginas de internacional, con esa Administración norteamericana que trabaja artera e incansable para que al mundo le pase lo peor, la guerra. Y si, buscando un poco de distracción a tanto mal rollo, contemplamos cualquier programa televisivo, automáticamente creemos habernos convertido en mierda, disculpe el lector semejante expresión así de golpe. Casi todo anda de pena. La Guardia Civil ya no sabe qué hacer con los ahogados ni con los supervivientes del Estrecho, los tribunales le dan la razón a la enfermera contagiada de sida en el trabajo cuando la pobre ya se ha muerto y todo el mundo, en fin, se gasta una mala leche horrorosa. Comprendo, en fin, que a un análisis de la situación pueda y deba pedírsele mayor profundidad, más acertada perspicacia y, desde luego, unas conclusiones más originales o sofisticadas. Lo siento, pero yo hoy no puedo proporcional nada de eso. Miro a mi alrededor, contemplo todo eso que decía antes y sólo veo y siento y huelo y gusto y todo, mal rollo.