Diario de León

«¿Cómo estáis tan letárgicamente dormidos?»

Publicado por
Isaac Núñez García, Consiliario Diocesano de la HOAC de Astorga
León

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Así increpaba fray Antonio de Montesinos en una homilía el día 11 de diciembre de 1511 en Santo Domingo a los hacendados españoles que explotaban de forma exacerbada a los indígenas. Les zahería porque no reconocían en la práctica a los indígenas como personas («¿no tienen ánima racional?») y que, por ello, estaban en «pecado mortal» (es decir, totalmente fuera del amor a Dios y a las personas).

Podríamos increpar/nos también hoy de modo similar ante tantas situaciones sangrantes que padecemos y consentimos, en perjuicio sobre todo de la mayoría del pueblo pobre (más bien, empobrecido). Iremos desgranado de modo rápido algunas de ellas.

A lo largo de la pandemia del covid-19, las grandes empresas productoras de medicamentos se reservaron celosamente sus patentes, retrasando y no dando acceso a la vacunación de un gran porcentaje de la población de los países más pobres, especialmente de África; un ejemplo perfecto del capitalismo sin alma, que prefiere dejar morir a la multitud a arriesgar la acumulación propia del máximo beneficio económico. ¿No cabría hablar en este caso de un verdadero «crimen contra la humanidad», por omisión?

Durante este mismo tiempo de la pandemia, cuando ha arreciado la carestía de ingresos económicos en muchas familias en paro, precariedad laboral e insuficiencia de recursos, resulta que a nivel mundial y en España se ha más que duplicado el número de multimillonarios. A ello se añade, debido a la guerra en Ucrania, el fuerte incremento del precio de la energía eléctrica, combustibles, alimentación, insumos para la producción agrícola… mientras se ha producido un incremento exponencial de beneficios de las empresas energéticas y de la electricidad.

Y en esas situaciones, ante las medidas restrictivas de consumo de gas, electricidad, y del establecimiento de un tope de precios a las empresas energéticas, establecidas por el Gobierno español y ahora secundadas por la misma UE, se presenta una renuencia u oposición radical por parte de dichas empresas y de algunas fuerzas políticas. La oposición se agudiza cuando se habla de establecer un gravamen impositivo proporcionado a entidades financieras y a esas grandes empresas energéticas, para que compartan con la sociedad el cúmulo ingente de «beneficios caídos del cielo» —así se han definido—, en contraste con el empobrecimiento de la población general.

La vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, plantea establecer también un tope máximo de precios para una canasta de alimentos básicos. Parece que desde el propio Gobierno se expresa reticencia a esa propuesta e incluso se habla de dudosa legalidad de la misma. Pero, ¿no es función y deber del Gobierno —de toda acción política que se quiera justificar— la búsqueda y previsión del bien común, especialmente de los sectores sociales más empobrecidos? ¿Se debe permitir un desarrollo económico y comercial totalmente orientado al beneficio económico de las entidades productivas y empresariales, cuando se arriesga gravemente la subsistencia básica de familias y personas? ¿Cómo se nos ha colado tanto la pura ideología capitalista de la libertad total de mercado, que idolatra el lucro económico por encima de la vida digna de las personas?

Respecto a la Sanidad pública, se ha ido avanzando en un deterioro progresivo de la misma, debido sobre todo, a la escasez de personal sanitario en toda España y, de modo tan acusado, en nuestro Bierzo. Parece que unas condiciones laborales contractuales y salariales muy deficientes hace que los sanitarios decidan trasladarse a otras zonas de España y a países de Europa , como Portugal y otros. Otra causa parece ser el afán privatizador de la Sanidad propiciado especialmente por las fuerzas políticas conservadoras, en una línea claramente de lucro empresarial, lo cual no mejora precisamente la accesibilidad general a la Salud y la calidad de la misma.

Las consecuencias de ese grave deterioro de los servicios sanitarios son las prolongadas listas de espera para las consultas y, sobre todo, para las intervenciones quirúrgicas, algunas de urgente atención como en las afecciones cancerígenas y cardiorrespiratorias. ¿Cuántas víctimas mortales indebidas viene causando esta situación de demora tan prolongada de atención sanitaria? ¿Cómo pueden estar tan tranquilos los responsables políticos y sanitarios amparando, por acción u omisión, esa situación generadora de muerte?. «¿Cómo estáis tan letárgicamente dormidos?»

Podríamos seguir, pero dejaremos para otra ocasión lo referente a los inmigrantes, la inaccesibilidad de la vivienda para los jóvenes, la situación de la agricultura y ganadería, y algunos otros aspectos a nivel nacional e internacional.

Llama mucho la atención que el pueblo, los trabajadores de a pie e incluso las personas sin empleo o con empleo precario no exijan y ni siquiera apoyen propuestas políticas que procuran lograr una mayor igualdad y la dotación de recursos a colectivos en situación de penuria o exclusión social. ¡Cómo entender, por ejemplo, la miseria extrema y cruel de la Cañada Real en el mismo Madrid ante la inacción de los responsables municipales y el silencio cómplice de los ciudadanos y muchas instituciones!

Resulta que buena porción del pueblo llano, trabajador y de insuficiente nivel económico viene apoyando las propuestas políticas más regresivas a nivel de igualdad y justicia social, de integración de los excluidos y de acogida humanitaria a los inmigrantes. Me resulta difícil de entender. Parece un «mundo al revés».

«¿Cómo estáis tan letárgicamente dormidos?», también podríamos gritar hoy. ¿Dónde queda el «hambre y sed de justicia»?

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