Recordando a un emigrante ultramarino
Ignacio Díaz Caneja nació en Oseja de Sajambre (León). Estando soltero marchó a Puerto Rico nada más consumarse la Revolución de 1868 que destronó a la reina Isabel II. El paso a Ultramar, lo debió solicitar a petición propia cuando ya era funcionario en la Península, pues en diciembre de 1870, le vemos ejerciendo su labor en la sección de Hacienda de la isla hasta el mes de junio de 1873, fecha en que fue declarado cesante por el Gobierno de la I República por «haber tomado el fusil de Voluntarios de la Patria» en el año 1871, en la que llegó a Comandante Fiscal en 1888. En esta institución de carácter político ejerció una activa labor. La mayoría de sus miembros, al menos los dirigentes, eran militares españoles y grandes propietarios de las haciendas de café y del azúcar, sin excluir a los ricos comerciantes. Siempre se consideraron grandes patriotas en comparación con el resto de la población. Su cesantía por la República se produjo, además, porque escribía con bastante frecuencia artículos contrarios al autonomismo de los territorios antillanos (Cuba y Puerto Rico). Aparecían, prácticamente siempre, en el periódico de la capital (San Juan) Boletín Mercantil.
Desconocemos con exactitud sus años de vida y biografía en la Península, salvo que estudió en la Universidad de Salamanca donde obtuvo el título de Doctor en Filosofía y Letras, por coincidir los apellidos y en ocasiones su nombre, con antiguos miembros de su familia naturales de la misma localidad, pero sobre todo, por emigrar a América y por la ideología conservadora que siempre defendió. Sus parientes más próximos, con los que se le confunde, pertenecieron a la baja nobleza asturleonesa del siglo XVIII (hidalgos) que siempre estuvieron asentados en España. Son especialmente: Joaquín, político y abogado (1777-1851) y el Obispo de Oviedo, también de nombre Ignacio (1779-1856), siendo, quizá, más conocido Joaquín por sus ideas liberales y el papel que jugó en las Cortes de Cádiz de 1812.
La presencia en Puerto Rico de Ignacio Díaz Caneja se puede circunscribir, básica y sintéticamente, en tres hechos y no por ello, poco transcendentes para la historia de la antigua Borinquén:
1. Residió en San Juan, barrio de Ntra. Sra. de los Remedios, casándose en la catedral de la capital con Adelaida viuda de uno de sus mejores amigos, José Pérez Moris antiguo telegrafista y periodista que murió asesinado, cuando ambos se despedían para irse a sus respectivos domicilios, después de haber pasado una jornada juntos, hecho que numerosos de sus enemigos políticos, quisieron usar en su contra como «una relación de faldas» entre Ignacio y Adelaida que nunca llegó a probarse.
2. En 1873 consiguió una cátedra en el Instituto de Segunda Enseñanza, del que llegó a ser director, para explicar Sicología, Lógica y Filosofía Moral.
3. Colaboró en la fundación del Casino Español y del Ateneo en San Juan y llegó a ser Secretario de los mismos, alcanzando al mismo tiempo la Dirección de una de las Secciones de La Diputación Provincial, sin embargo, sus mejores cargos los logró al ser Secretario particular de dos Gobernadores Generales de Puerto Rico: La Portilla y Despujols.
Sus ideas conservadoras eran opuestas a las del Partido Reformista, que hoy como entonces, hay que considerarlas mucho más progresistas, y que defendían las mayor parte de los intelectuales puertorriqueños que deseaban nuevas y mayores libertades políticas, pero sin querer separarse de España, caso similar al pensamiento del cubano Rafael Mª de Labra, que defendía en la Cortes Españolas los intereses antillanos. Caneja es autor de diversas obras. Recordamos: La autonomía de las Antillas: Su historia, sus principios, sus errores, sus tendencias y su porvenir ante la razón, ante el derecho y ante el patriotismo. Publicada en San Juan en 1887. Su pensamiento es antagónico al autonomismo, al que considera como un sistema de gobierno «fatal y ruinoso» para las Antillas. Las reformas del Sr. Maura. Estudio crítico. Publicada en 1893. Con una trayectoria idéntica a la anterior. En Waterloo político, enviada a Menéndez Pidal, le solicita su opinión sobre ella. La cuestión ultramarina....... Las ideas y terminología que utiliza, salvando las distancias en el tiempo, se pueden extrapolar a las muchas que hoy, frecuentemente, oímos en el Congreso por su carácter banal, teórico y poco relevantes para los ciudadanos.