Diario de León

Carlos Santos De La Mota

Escritor

El Himno a León, la lectura de los Fueros y una foto

Incomprensible es que en un territorio con lengua propia no se haya plasmado en el himno una estrofa en nuestra lengua

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Cuando después de mucho desierto temporal y apego propio la feliz unión entre Odón Alonso González y José Pinto Maestro nos trajeron la fiesta al alma haciendo que nos reconociéramos de esa manera como leoneses —eso que estaba tan distraído—, un poco de nosotros de lo que flota en el recuerdo se vino arriba aupado por la emoción. El abogado y periodista de la capital provincial leonesa escribió la letra y el músico bañezano puso la melodía.

Con medios escasos y sin oficialidad, el Himno se estrenó el 25 de julio de 1934 en Hospital de Órbigo promovido por el Grupo de Tradiciones Leonesas. El Orfeón Leonés, que lo entonó, desde ese momento lo incluyó en su repertorio. El 16 de marzo de 1978, con el alcalde Óscar Rodríguez Cardet al frente, se oficializó en pleno. El Boletín Oficial de la Provincia (BOP) lo recoge el 10 de abril de ese mismo año. El 30 de septiembre de 1978 el disco de vinilo se estrena en un salón del Ayuntamiento con la grabación de Coros y Orquesta de Radio Televisión Española que Odón Alonso Ordás, como director, puso a esta disposición. Es verdad que himnos pudo haber otros, y así me consta. Los autores de letra y música nunca conocieron su reconocimiento oficial. Es decir, ¡ya nos vale! Desde que la razón me guía (o eso creo) a mí la letra no me gusta ni creo que encuadre como debe en la tierra que pretende ensalzar, pues sólo se nombra como nominal carente de espacio y que por la propia circunstancia inconcreta que arrastramos deviene en la reducción acostumbrada: la provincina. Hoy puede ser considerado himno provincial, pero en principio era de la ciudad, para vergüenza propia. Es, por tanto, un himno que inicialmente no abarcaba el León de derecho, quizá pretendidamente, aunque expresiones como ‘fueros’ y ‘reyes’ desbordan claramente el provincialismo enano, pero sin profundizar en nuestro valor real de otrora nación expansiva y núcleo del que se desprendieron otros territorios. Y un himno que omita eso está omitiendo su grandeza mayor, y manifiesta su inclinación reductiva. «Sin León no hubiera España» es un verso harto presuntuoso (si además no habla de la Corona), o tal vez una circunstancia ocasional, incluso ajena a la verdadera voluntad. Al mismo tiempo da el mensaje de ‘haber llegado al éxito’, cuyo final de carrera precipitada hacia esa ‘patria’ sólo nos ha traído la flojera e irrelevancia que padecemos. Algo que el Himno a León no puede proclamar en el alma de los ciudadanos que pretende emocionar como leoneses. Que además en un himno a León aparezca la palabra ‘España’ lo juzgo innecesario, incluso inadecuado. O que haya alusiones a ‘patria’, claramente ajenas a la patria leonesa que lo fue de hecho y de derecho y a la que debe rendir homenaje un himno a León, es otro caso de distorsión o voluntad contraria al espíritu de un himno para un territorio. El caudal de «sangre a torrentes vertida» que da a esa ‘patria’ un «preciado blasón» pero que sólo sirve para foto, es otro caso de apelación a la entrega inconsciente y sin compensación que el pueblo no tiene obligación ni necesidad de respirar como emocionante. Y si le emociona no es consecuente con su realidad. Caso grave me parece en un himno a León lo de «y en sus labios cobró vida/ el hermoso lenguaje español», porque justamente se ensalza lo sobrevenido, lo foráneo al propio territorio que, además, va a hacer desaparecer precisamente el idioma del territorio al que se destina el himno. Además

Illorum lingua resonat quasi tympano tuba (Su lengua suena al tímpano como una trompeta) expresaba el autor del poema de la conquista de Almería, hacia 1150, en alusión al trueno fonético del castellano frente a la suavidad del leonés. Que eso se ensalce es otra de esas torceduras incomprensibles. Incomprensible es también que en un territorio con lengua propia no se haya plasmado en el himno que nos llama a las emociones leonesas ni siquiera una estrofa en nuestra lengua, más allá de su mucha o poca utilidad. Eso no importa. O sí, el no implementarla. Hubieran debido ser todas, para ser exactos y consecuentes con León y sus principios y grandezas, pero siquiera una para mayor emoción, reconocimiento y justicia. ¿No es eso lo que busca un himno acotado a un territorio? Personajes como Colón los veo muy alejados del interés de este himno. De don Suero, el del Paso, más que gallardía fue bravuconada. Hay algo mejor en León. Guzmán fue la historia seguramente indebida, no imitable, y además está ligado a la «época del saco»; nada menos que dos años su estatua (su idea, su proyección) cubierta con un saco, hasta que la inauguraron por fin un domingo 15 de julio de 1900 ¡a las cinco de la mañana! No parecen héroes para un himno y en todo caso todos rebasan el tiempo del hecho más glorioso de León, de su Corona y de su exclusividad soberana, tiempo en el que debería centrarse el himno y en el hecho de haber nacido y crecido en su propia existencia como ‘pueblo’ al que pretende emocionar. Su mayor gesta es haber sido él mismo. Ahí tiene que incidir. No es bueno personalizar en los himnos. Mejor seguir referencias, gestas, momentos de gran interés en los que el pueblo todo haya sido parte. Por qué no el Cerco heroico de Zamora; el feliz nacimiento de la Universidad de Salamanca; los concejos abiertos, expresión máxima de democracia; qué se sabe o qué no debe saberse del canje de una soberanía territorial por unas monedas vitalicias a sus herederas. Etc. El pasado 25 de julio asistí a la lectura de los Fueros en el claustro de la catedral de León. El Pendón Real como único símbolo presidía el acto sobre el tablado que se había levantado. Encima de las numerosas sillas dispuestas para los asistentes había un díptico explicativo, y en él una fotografía. Era de la mantenedora del acto, Ana del Ser, en su despacho, acompañada de una bandera española. Me pareció inapropiada la imagen de esa fotografía con esa bandera en un acto que ni lo requería ni lo obligaba. Creo que fue un detalle no menor que podía haberse evitado. Falta sensibilidad. Se estaba representando lo que fue el primer cuerpo jurídico de nuestra historia y ese derecho, para este acto, simbolizando ese tiempo, sólo correspondía a una bandera, o a la que ha venido a sustituirla y que hoy hunde su raíz en el territorio como leonesa. Son detalles que denuncian nuestra delgadez identitaria. Al León de todas sus tierras le sobra mucha España y le falta mucho León, si quiere serlo. El coro de música, del que siento no recordar el nombre, cantó el Himno a León como pocas veces he apreciado emocionalmente. Su música no sé valorarla. En todo caso es una sacudida para los sentidos que descubre del arraigo empatías, orgullos y reconocimientos, y nos invita en piña a no dejar de ser León pese a los desprecios, marginaciones e injusticias con las que nos han cargado. O precisamente por ello. Y levanto la mano y pido la palabra sugiriendo revisar un himno que lo sea ‘de León’, sin complejos, abarcando la memoria y el territorio enteros. Porque se han de cantar las glorias, para eso están los himnos, sin que se desdibujen con un fraude patrio leonés.

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