Un viaje por la vida
Estamos en el mundo para que este sea mejor desde el momento que podamos, en la medida que podamos y como sepamos.Y esta es nuestra misión. Buscar el bien común, un mundo más justo, ser libres e independientes y procurar que los demás también lo sean.
Estamos en el mundo principalmente para dos cosas: para ampliar el conocimiento y para ampliar el amor en un planeta plagado de psicópatas como El Graña y El Pica y sus adláteres, especializados en arruinar vidas. He consagrado toda mi vida a investigar el alma humana, indagando en cuestiones como la conciencia, la supraconciencia, el paso del tiempo, la identidad, la felicidad… Así mismo, he dedicado más de cuatro décadas a ayudar a las personas a superar sus problemas emocionales y morales, a afrontar las enfermedades, a soportar las pérdidas y a despedirse de la vida si es posible con sosiego y gratitud. Mi vida de excesos, carencias e indigencia como la de tantas personas ha dado muchas vueltas. He hecho y he vivido muchas cosas, he estado por muchas partes del mundo, pero quizás la característica que ha permanecido y permanece hoy en mi de lo que he sido y de lo que soy es la semilla de la curiosidad como un poderoso catalizador que me anima a seguir avanzando, a trazar nuevos caminos e indagar más allá de lo evidente. En la vorágine de la existencia, donde los días parecen desvanecerse entre responsabilidades y rutinas, es esencial detenerse y reflexionar sobre el viaje que todos realizamos desde nuestro nacimiento hasta el último aliento. La persona es un viaje y cada viaje es distinto. El auténtico valor se encuentra en la experiencia del viaje en sí mismo. La clave reside en la búsqueda incesante. No se trata simplemente de alcanzar una meta, sino de vivir cada día con mente abierta y curiosidad insaciable. Hay que abrir los ojos y los oídos y conservar hasta el final del pensamiento, la curiosidad. La curiosidad y el deseo de explorar son los elementos fundamentales que conforman éste viaje. La riqueza del conocimiento adquirido, las conexiones con diversas formas de pensamiento y la búsqueda incansable de nuevas experiencias son los pilares que nutren un viaje fructífero. Esa curiosidad y la búsqueda constante actúan como herramientas para acercarnos al conocimiento y a la comprensión tanto de nosotros mismos como del mundo que nos rodea. Todos tenemos un conocimiento que es el de los colegios, institutos y universidades y otro conocimiento que vamos adquiriendo a medida que tenemos experiencias, que conocemos países, gente de diferentes culturas, y en un momento determinado valen los dos. Son interesantes y complementarios. Y esto es el conocimiento tácito. La vida es un viaje, un programa continuo de aprendizaje. Aunque uno estudie psicología, medicina o ingeniería, necesitamos realmente de los libros, necesitamos la savia que nos proporcionan las experiencias de otras personas. También del cine, el teatro y la poesía…. El viaje por la vida me ha llevado a destinos que nunca hubiera anticipado ni imaginado, viajando por diferentes países de Europa, Canadá, Estados Unidos, Iberoamérica, Asia, Indonesia, África… que tanto me han enriquecido y beneficiado en mi desarrollo y crecimiento personal como también en mi autoconocimiento. En estos viajes he vivido desafíos y momentos difíciles con experiencias peligrosas y trágicas: terremotos, balaceras, secuestros ,robos, accidentes, enfermedades, pérdidas, etc. También he decir, que en mis viajes por el mundo he disfrutado de vivencias y experiencias maravillosas, visitando lugares y parajes naturales de los más bellos e idílicos del planeta con sus impresionantes y fascinantes montañas, glaciares, cataratas, volcanes, cañones, desiertos, selvas, etc. Los viajes además de ser un descubrimiento del medio natural, social y cultural, son sumamente enriquecedores por el contacto con la gente, haciendo amigos por todo el mundo, desde indígenas y chamanes a presidentes de gobierno e indigentes y esto no tiene precio. Es algo sorprendente que estos momentos vividos de asombro y disfrute queden en el recuerdo de uno para siempre. Es primordial aprovechar las oportunidades y experiencias que la vida nos brinda en cada momento, pues la vida comienza en cada instante nuevo, diferente, listo para ser descubierto. Lo esencial no es llegar a Ìtaca o a México, lo importante es el camino. Lo fundamental es el viaje en sí. El viaje es lo que depende de nosotros. Un viaje inolvidable no es un destino o una ruta específica: es una experiencia, es un sentimiento y un recuerdo, que durará para siempre y se convertirá en parte de la historia de cada uno.Esto es lo que hay que pedir del viaje hacia el autodescubrimiento, siendo la meta donde termina el ciclo de aprendizaje en la vida de la persona. Por todo ello, cabe preguntarse: ¿Para qué estamos aquí? ¿Para qué somos? ¿Para qué somos como somos? ¿Por qué? Bien, esto es lo importante. He dicho: somos únicos. Y somos únicos con mi entorno, yo y mi circunstancia. Las circunstancias también son únicas y éstas están cambiando continuamente. Lo que yo era, o lo que soy ahora en este momento no es lo que era hace una semana ni hace un mes ni hace diez años. Algo permanece en el interior, pero la vida es cambio. La vida es búsqueda y camino. La vida es un viaje. Viajar es vivir dos veces. El viaje de la vida es una travesía única e irrepetible que nos reta a explorar, a aprender adaptarnos, aceptar y abrazar las sorpresas, a aprender a despedirnos, a vivir en el presente y a valorar las oportunidades de conexión que la vida nos ofrece. Mientras navegamos por los diferentes océanos de la existencia, el auténtico tesoro yace en la propia travesía y en las enseñanzas que recogemos en el camino. Amigo lector/a, intenta encontrar tu camino. Todos los caminos son distintos. Tú eres único y distinto. Trata de encontrar un buen camino que esté lleno de vida, de experiencias y de conocimiento. Un camino fructífero.