Diario de León

DISTINTAS FORMAS DE VER LEÓN

MARIO AMILIVIA GONZÁLEZ
​Presidente del Consejo de Cuentas de Castilla y León

Compromiso por León y por los leoneses

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Comienzo agradeciendo al director de Diario de León, Joaquín S. Torné, su amable invitación para, desde esta tribuna, glosar el ayer y el hoy de León, a la vez que aportar mi opinión sobre el futuro de la provincia, en el marco del 120 aniversario del nacimiento del periódico.

Escribo estas líneas como un leonés más, un paisano más que tuvo el honor durante casi doce años de ser alcalde de esta ciudad, quizás el mayor de los honores al que un legionense puede aspirar. Un alcalde entre dos siglos, XX y XXI, en unos años decisivos, con muchos y rápidos cambios, obras y transformaciones… Y con muchos más proyectos que hubiéramos seguido acometiendo de haber continuado al frente de tan ilusionante tarea. Y, posteriormente, durante todos estos años como un representante público, en la actualidad al frente del Consejo de Cuentas de Castilla y León, Institución propia de la Comunidad con sede en la ciudad de Palencia. Pero siempre como un leonés más pegado a mi ciudad.

Con la perspectiva de 120 años de historia, periplo que alcanzan muy pocas cabeceras periodísticas en España, quiero reseñar tan solo unas breves pinceladas recogidas por el reconocido periodista Ángel García Colín, que recientemente nos ha dejado. En su libro conmemorativo, con ocasión del primer siglo del periódico (1906-2006), recogía cómo aquellos primeros números del Diario eran ya testigos fieles de la sociedad leonesa; de sus costumbres cotidianas, anhelos, entretenimientos… De un viejo León, hoy irreconocible, que se urbanizaba en el Ensanche echando la vista atrás al trazado medieval de la urbe y en el que algunas cosas no han cambiado demasiado en estos 120 años.

Nos recordaba, por ejemplo, el protagonismo adquirido por la familia real y los ecos del acontecimiento social de aquel 1906, reflejado en una de las portadas, como fue la boda de Alfonso XIII con la princesa inglesa Victoria Eugenia el 31 de mayo.

León era entonces una pequeña ciudad sobria y serena, «de pereza apacible», de apenas unos miles de habitantes, con la irrupción del ferrocarril dividiendo la capital en dos, un comercio pujante y un calendario marcado por eventos como una Semana Santa siempre singular gracias a los «papones de Jesús», las fiestas de San Juan o las corridas de toros que cada mes de agosto, «en conmemoración de la victoriosa batalla de Clavijo», abarrotaban de público los más de cien balcones ricamente engalanados de la Plaza Mayor. Unos balcones, por cierto, incluidos los del Consistorio viejo, que siguen ahora igual de solicitados, no por los toros, sino por nuestras procesiones.

La paulatina incorporación de la mujer a todos los órdenes de la vida pública también era ya un hecho, aunque lo hiciese en aquellos momentos en forma de humor gráfico. Los diarios fueron testigos de aquel largo y zigzagueante camino hacia la igualdad.

Una sociedad, la leonesa, que también dedicaba tiempo a bailar al ritmo de la banda de música del templete de La Condesa, y que se mantenía informada de todas sus luces y sombras gracias a la prensa y a los adelantos tecnológicos que fueron incorporándose al mundo de la comunicación. Una historia que está y estará fielmente recogida en la hemeroteca del periódico. Historia que son también mis recuerdos de la infancia y juventud. De mi tarea hasta la actualidad como representante público.

Si han leído hasta aquí, creo honestamente que León seguirá siendo, como sucede hasta ahora, lo que los leoneses legítimamente quieran. Pero no es este artículo de hoy el más oportuno para hablar de proyectos frustrados e infraestructuras totalmente necesarias e irrenunciables que siguen pendientes en el tiempo, de obras históricamente retrasadas que no han tenido su mejor continuidad o que, en algún caso, han sido maltratadas. Como decía Ortega y Gasset, «cada día me interesa menos ser juez de las cosas y voy prefiriendo ser su amante».

León, la provincia, han sufrido dos crisis económicas: la financiera y la de la minería. Sin olvidar el ocaso de la agricultura y la ganadería. Por ello, merece, sin victimismo, un trato diferenciado, un esfuerzo añadido por parte de las administraciones. Con todo, ha impulsado proyectos vinculados a las nuevas tecnologías y la ciberseguridad, y se ha consolidado como uno de los polos biofarmacéuticos más potentes del país. Y no fue ajeno a todo ello el desarrollo del suelo industrial que impulsamos en su momento; por ejemplo, el del Parque Tecnológico que felizmente sigue creciendo, alumbrando riqueza y empleo.

Creo sinceramente que para seguir en la senda adecuada los leoneses deben creer firmemente en su tierra, en las inversiones que aquí puedan seguir fructificando, con autoestima, confiando en su futuro y en las innegables potencialidades de la provincia, sin perder tiempo en el lamento y en contemplaciones vanas. Nadie va a venir a arreglarnos las cosas.

Cierto es que vivimos en un extenso territorio, caracterizado por el envejecimiento y las consecuencias de la enorme emigración iniciada en el siglo pasado hacia las ciudades más desarrolladas. Tenemos que convivir con déficits históricos y también con algunos incumplimientos. Con unos servicios públicos esenciales que, comparativamente, tienen un mayor coste aquí que en otras Comunidades Autónomas y, paradójicamente, con un sistema de financiación autonómica ciertamente injusto en la situación actual.

En esta línea, quiero subrayar el destacado papel de palanca ejercido por el periódico, por todos cuantos han hecho posible su publicación históricamente y los que siguen y seguirán haciéndolo. Me viene ello a recordar la cita de Homero en la Ilíada, «cual la generación de las hojas, así la de los hombres».

El periódico no ha perdido un ápice del espíritu con el que nació. No solo ha seguido la realidad leonesa, impulsando y vertebrando la opinión pública, sino que ha abierto debates y debe seguir haciéndolo en el futuro, por ejemplo, acerca de cómo debe ser el León del año 2050. Las palabras pronunciadas en 1906 por su fundador, el obispo Sanz y Sarabia, «necesitamos un periódico que no sea un incensario, ni un explosivo; que ruede por toda la diócesis y provincia, que no sea ñoño ni provocador, pero que combata, que pelee, que refute…» resuenan hoy con igual sentido.

Para finalizar, quiero recordar también que a finales de 1996 tuve el honor de entregar al Diario la Medalla de Oro de la ciudad, saldando así en cierto sentido la deuda afectiva que la ciudad mantenía con él. Entonces sumaba 42.330 números, hoy son casi 53.000, manteniendo por tanto el compromiso por León y los leoneses.

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