Diario de León

La familia y el porvenir Sí a la vida, no a la muerte León, una ciudad mucho más atractiva Las pipas y las ondas electromagnéticas

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Inauguran los tres el Foro Español de la Familia y cantan a coro. Sin familia no hay futuro. Cuando yo estuve en listas para diputado, por un partido que en primer lugar defendía la integridad de la familia, como célula básica de la sociedad, además de combatir el aborto, el divorcio, la eutanasia y el libertinaje sexual por no decir putrefacción moral, se mofaban de nuestra ideología, se burlaban, la despreciaban, la denominaban retrógrada frente a la suya: progre, nostálgica, cavernícola. Pero era la doctrina social y teológica tradicional de la Iglesia, auténtica e inmutable. Dinamitaron las compuertas de los pantanos de la ética y ahora, en el estío sediento, buscan agua en el desierto. ¡Qué irresponsables sus respectivos partidos! ¿Buscan soluciones los tres adalides? Se la va a proponer un aprendiz de filosofía y teología. Y eso sí, les aseguro, no por mi humilde ciencia, sino basándome en la citada doctrina de la Iglesia, que por mucho que busquen no encontrarán otro camino para llegar a feliz término. En primer lugar: poner nuevas compuertas a los pantanos de la moralidad. ¿Difícil, eh? Educar a los niños, árbol dúctil para enderezar, pues los árboles corpulentos ya no se enderezan, se rompen. Serán el futuro esperanzador. Como dice el Papa, «centinelas de la mañana» que vigilan, fuertes en la esperanza, en espera de la aurora. Anatolio Calle Juárez (Navatejera).También yo soy contrario a la guerra, a todas las guerras. Por cada persona que muere tengo más motivos para ser contrario a las guerras, a las causas que las originan, a las dictaduras que cercenan la libertad, a la fabricación y venta de armas. Mi pancarta es: «Sí a la vida; no a la muerte» . Me comprendería usted mejor si conociera lo que me queda de una guerra española y también que a veces me apuntó un fusil dictador de Hispanoamérica. Es verdad que no sabría qué hacer con gente como Pinochet, Ceaucescu, Fidel Castro, Sadam y otros. Yo no quiero matarlos pero ponerles la otra mejilla me hincharía la cara y no resolvería el problema. No puedo aceptar que alguien construya su bunker en Bagdad, o en la Moncloa, y pida a los demás hasta la última gota de su sangre, aunque la última ya importa poco. Estos días me da apuro ver cómo nuestra monarquía parlamentaria se convierte en pancartaria. Y es que las pancartas en otros momentos, pedían también la pena de muerte, cadena perpetua e ignoran las guerras de Colombia, Sierra Leona, Costa de Marfil, Congo y, en su momento, las de Ruanda, Burundi y otras. Ignoran también al hambre, que causa más muertes que todas las guerras. No entiendo por qué sólo esta guerra es injusta, ilegal e inmoral porque ¿hay alguna guerra justa? ¿hay alguna muerte legítima? ¿qué motivos pueden llevar a justificar ésta y otras guerras o el hambre que padece la mayor parte de la humanidad? No entiendo a los políticos pancarteros, daltónicos y de pensamiento único que escupen proyectiles más que palabras y actúan, al mismo tiempo, de pirómanos y bomberos. Otra cosa son las pancartas de los estudiantes. Estuve en una de sus manifestaciones y lo único que me separa de ellos es que ya no soy estudiante. Wenceslao Álvarez Alvarado (Madrid). Jaime Gil M. llama al Téléfono del Lector para decir lo siguiente: «Como leonés que resido desde hace tiempo fuera de mi tierra quiero decir, ahora que he tenido la oportunidad de regresar, que la capital ha dado un vuelco impresionante. Por lo que me dicen, sigue habiendo pocas oportunidades para los jóvenes - y me da la impresión de que este es un mal generalizado y de difícil arreglo-, pero al menos he visto a León como una ciudad mucho más atractiva para vivir y trabajar. Ojalá ese atractivo se vaya convirtiendo en prosperidad. Por cierto, paseando por Eras de Renueva me he quedado asombrado de cómo ha cambiado todo, pero hago mía una queja de quienes iban conmigo: ¿Por qué no se abren ya estos días esas pasarelas tan estupendas?». Marta González Pérez se pone en contacto con el Teléfono del lector diciendo: «Me quiero dirigir al concejal de Medio Ambiente, señor Rodríguez de Francisco. Me refiero a un escrito del 8 de abril de 2003 en este diario. Una vez más el ayuntamiento pretende dar buena imagen de cara al ciudadano de León, el resto de España y parte del extranjero. Pero la buena imagen hay que darla con todo lo que machaca el medio ambiente. Si con las cáscaras de las pipas se pierde la imagen de las procesiones, usted, como responsable de la Concejalía de Medio Ambiente, debiera de haber creado, junto con el señor Amilivia, un departamento administrativo, dotado de personal técnico y medios competentes facultados para emitir informes y estudios sobre la documentación que se aporte para la solicitud de las antenas de telefonía móvil así como poner los medios para realizar las mediciones necesarias en orden a comprobar el cumplimiento de la legalidad. Quiero decir que las cáscaras de las pipas no son pulsantes ni bombardean nuestras células, ni machacan la salud de los niños; además se ven en el suelo y las ondas electromagnéticas no se ven, ni huelen, ni pican, pero, al día de hoy, no está demostrada su inocuidad. Y recordarle que la OMS aconseja a todas las naciones guardar el principio de precaución al instalarlas y desmantelar las que dejaron colocar al lado de los colegios, como ejemplo en León: Jesuitas, Mariano Andrés, etcétera. ¡Ah! y recordarles que, aun estando clausuradas, siguen emitiendo; y usted lo consiente. Su deber como concejal de Medio Ambiente sería tomar iniciativas como en Estados Unidos donde ya han sacado al mercado slips, camisetas, cortinas y diversas maneras de apantallarse. De todas formas, yo, como ciudadana, agradezco lo de las pipas, pero también tengo muy claro a quién hay que darle el voto en estas próximas elecciones».

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