LA VELETA
Cataluña plural líneas
AHÍ TENEMOS a Cataluña disfrutando de sus Navidades especiales, estas en las que se acaba de inaugurar la nueva era del gobierno de la izquierda plural y abierta a todas las capas de la sociedad y a todas las ideas. Las dos anteriores décadas, realmente largas, fueron las de la consolidación de la nacionalidad catalana, a partir de la Constitución y del propio Estatut. Fueron años de recuperación y lanzamiento del ser de Cataluña, un tiempo en el que parecía que los contenidos políticos, ideológicos y sociales permanecían en un segundo plano, porque lo más importante, lo más determinante, era esa recuperación del ser catalán. En la era que ahora se abre, se perfila como lo más importante el desarrollo de esos contenidos políticos y sociales, una vez creadas las bases que lo hacen posible. El tránsito de la era Pujol a la era Maragall tiene que ser suave, tranquilo y amable, como son estos dos personajes, que estarán, ya para siempre, en la historia de Cataluña, y que son sus dos grandes protagonistas paralelos, a pesar, o gracias a, las diferencias entre ambos. La primera impresión es que funciona muy bien el entendimiento entre los tres partidos que componen la fórmula de la izquierda plural y que no tienen fundamento las insidias que atribuyen a Pasqual Maragall un sometimiento a Carod-Rovira o que atribuyen a éste un abuso de su posición de bisagra. El primero tiene la suficiente personalidad como para no permitir tal cosa. El segundo no cae en la tentación y sólo habría que haber visto la entrevista que le hizo Pedro Ruiz en la segunda cadena de Televisión Española para percatarse de que es una persona incapaz de abusar de nada ni de nadie. Y siempre está ahí Saura, cuyos votos son muy importantes para garantizar un equilibrado aderezo del conjunto de las izquierdas catalanas. Es de esperar que el Gobierno de José María Aznar y su partido no persistan en esa actitud agresiva y descalificadora, porque terminarían ofendiendo gravemente, no ya al Govern y a la Generalitat, sino al conjunto de Cataluña, además de terminar de crispar por completo la vida política española. El país ya vive un debate social y político muy subido de tono y no necesita más argumentos para alentar la polémica ni dentro ni fuera del Congreso de los Diputados.