EL BALCÓN DEL PUEBLO
Ante el 14 de marzo
EL GOBIERNO, por boca de su portavoz, ya ha dado fecha para las elecciones generales. Serán el 14 de marzo. La legislatura, pues, se ha agotado en plenitud. El presidente andaluz, Manuel Chaves, también ha elegido la misma fecha para las autonómicas de su Comunidad. De cara a la consulta nacional se abre un calendario que conviene exponer: El próximo día 19 se reunirá en La Moncloa, en sesión extraordinaria, el Consejo de Ministros para convocar las elecciones. Al día siguiente aparecerá en el BOE el decreto de disolución de las Cortes y la cita electoral. Del 4 al 9 de febrero estará abierto el plazo para la presentación de las candidaturas ante la Junta Electoral Central; el día 11 será la presentación oficial, otogándose tres días más, del 13 al 15, ambos inclusive, para la subsación de errores, si es que los hubiera. El 16 es la fecha para la proclamación de los candidatos. Y el 27, dos días antes de que agonice este mes de rareza que convierte al año en bisiesto, jacobeo y santo, comenzará la campaña. Ya en los idus de marzo, el día 4 se cierra el plazo par solicitar el voto por correo. Y el día 12, a medianoche, se echa el cerrojo a la campaña, el 13 es jornada de reflexión, y el catorce, domingo, ¡a jugar!, perdón, ¡a votar!. Sé que lo escrito hasta aquí es información en estado puro. No tiene nada de opinión. Sin embargo, he creído oportuno otorgarme esta licencia, dado que unas elecciones generales, sin duda, constituyen el acto político de más alcance cada cuatro años, o cuando sea. Son las novenas elecciones generales de la democracia. De las ocho anteriores salieron cuatro presidentes: Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González y José María Aznar. El 14 de marzo próximo las urnas dirán quién será el quinto -dicen que no hay quinto malo- presidente: Mariano Rajoy o el leonés José Luis Rodríguez Zapatero. Los sondeos publicitados hasta la fecha no tienen credibilidad. Ni sirven para entonces. En política se apaga o enciende una estrella, no en semanas o días, sino incluso en horas. Lo que se barrunta es una campaña de dentelladas. El Gobierno y el PP no han parado de morder, aunque lo hacen en hueso, a José Luis Rodríguez Zapatero. Tal parece que no ostentaran el poder, sino que estuvieran invertidos los términos. Son la oposición de la oposición. El viernes, tras la habitual rueda de prensa para informar sobre los acuerdos del Consejo de Ministros, el portavoz Eduardo Zaplana, al que acompañó en esta ocasión el vicepresidente, Rodrigo Rato, volvieron a hacer un uso vergonzante de la misma. Rato y Zaplana, o a la inversa, arremetieron con extrema dureza contra las principales líneas políticas del programa socialista. Y no era el foro. Pero ya nos tienen acostumbrados. Si es muy grave utilizar la resonancia mediática postconsejo, lo es aún más poner el propio sanedrín del Gobierno al servicio del partido. O falsear la realidad. Eduardo Zaplana flageló a Pasqual Maragall por demandar una agencia tributaria propia. También la pedía Josep Piqué, su ex-compañero en el Gobierno, y él mismo la defendió cuando era presidente de la Comunidad Valenciana. En fín, se abre el tiempo del azogue.