EN EL FILO
Fanatismo coránico
ESPAÑA es zona de tránsito, de peaje, entre África y Europa, y un amplio territorio donde europeos y africanos encuentran fácil acomodo. De los terroristas coránicos detenidos tras el 11-M, o autoinmolados el pasado fin de semana en un piso de Leganés, ninguno vivía una estancia embarazosa, como tantos inmigrantes sin permiso de residencia y de trabajo. Alguno de ellos negociaba incluso al por mayor en el barrio madrileño de Lavapiés, abigarrado de etnias, africanas y latinoamericanas especialmente. Resulta difícil para las fuerzas policiales traspasar la coraza confesional tras la que se habían purificado en un rito coránico los presuntos terroristas del 11-M. De ahí la asombrosa eficacia de las distintas policías españolas en la detención y presumible desarticulación del comando supuestamente autor de los recientes atentados a las puertas mismas de la madrileña estación de Atocha. Cabe la posibilidad de que algún miembro de esa célula asesina escapara el sábado pasado al cerco policial en torno al piso de Leganés en el que se habían refugiado, pero el suicidio colectivo, tras la identificación exacta de cuatro cadáveres, indicaría que dos de los presumibles inspiradores/autores de la matanza han dejado de ofrecer peligro. Nada más producirse la tragedia del 11-M, el Gobierno en funciones reaccionó de forma instantánea y admirable, así como los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, sobre cuya eficacia no caben dudas en esta ocasión. Hasta la policía municipal de Madrid relegó ayer sus funciones rutinarias para dedicarse a la vigilancia en la red del metro madrileño, en perfecta coordinación con el Ministerio de Interior. No está el país en pie de guerra, pero sí en alerta máxima porque ese magma del terrorismo coránico le ha declarado ostensible y dramáticamente su hostilidad. Hablar de terrorismo islámico o islamista podría confundir el Islam en su conjunto con la interpretación del Corán más amarga, negativa, cruel y belicosa. Nos interesa en España desde el suicidio en Leganés de cinco terroristas de origen árabe, mentalmente inspirados o fanatizados por el Corán, diferenciar un fundamentalismo religioso de la pertenencia a un inmenso complejo de seres humanos. La Federación de Municipios y Provincias convocó ayer a mediodía concentraciones silenciosas a las puertas de los ayuntamientos de la Comunidad de Madrid, en repulsa obviamente a los atentados y a la muerte del subinspector de los GEO muerto anteayer en Leganés, pero esas expresiones de dolor y rechazo en nada afectan a los terroristas coránicos, que ven su libro sagrado pasajes suficientes para justificar la «yihad». Contra esa guerra que ya Mahoma consideraba «santa» en ocasiones sólo cabe la respuesta que ha dado la policía española y la que habrán de dar los servicios de Inteligencia, que se verán cada vez más apremiados por la amenaza del fanatismo coránico.