Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

Creado:

Actualizado:

UNO DE LOS penúltimos grandes españoles era colombiano: el poeta Eduardo Carranza. Me decía que España había sido «la luna de su vida» y que a él lo que le hubiera gustado era ser un soldado de Bolívar que hubiese sido discípulo de Platón.. Recuerdo ahora un endecasílabo suyo: «El viento de la patria en la bandera». Corren otros aires y las banderas son motivos de conflicto creciente. Se inventan métodos para que no arríen en los mástiles, según obliga la ley orgánica lo que es sin duda un buen paso en el empeño de desguazar la vieja nación. Un proceso que ha avanzado mucho en los últimos tiempos y que ahora parece que ha cogido carrerilla. Nadie ignora que todas las banderas fueron en un principio señales de conquista. Hasta aquí hemos llegado y esto es nuestro. Pero los territorios forman entidades históricas y se equivocan los que dicen que una bandera no es más que un trapo. Es como si dijeran que la foto de su madre muerta no es más que una cartulina. Sé que la palabra patria se presta a usos peligrosísimos, pero tengo la impresión de que la insensatez colectiva va a proporcionarnos disgustos innecesarios. ¿Por qué ese afán de tirar de las costuras del mapa para hacer rompecabezas? El Gobierno dice que hay que responder a la retirada de las banderas españolas de los Ayuntamientos catalanes durante la celebración de Diada, con pedagogía.. El presidente del Parlament pide que Cataluña pueda «divorciarse de España» y el lendakari Ibarretxe pide a Zapatero «valentía política más allá de las sonrisas». Creo que esa es la clave. Hay cualidades que sin duda son más estimables en un recepcionista de hotel, pero que no son las más adecuadas para conducir un país en trance de demoliciones. Parece como si hubiera jurado defender la Constitución hasta el último diente de su sonrisa. Una sonrisa, por cierto, agradable, que contrasta con el semblante adusto de su hirsuto predecesor, pero que quizá no basta para contrarrestar las fuerzas centrífugas que siguen haciendo de España una unidad de desatino, o sea, de despropósito en lo universal.

tracking