Diario de León
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NO SÓLO son errores judiciales las sentencias equivocadas: también las inhibiciones. Según acaba de conocerse, el cabecilla de los terroristas del 11-M, Allekema Lamari, fue puesto en libertad por la Audiencia Nacional en junio del 2002, cuando llevaba de cinco años en prisión provisional, porque el Supremo no le comunicó a tiempo la condena a nueve años y tres meses de prisión por pertenencia a banda armada y tenencia ilícita de armas. De donde hay que concluir que, al menos en teoría, si el aparato judicial hubiera funcionado correctamente, el 11-M no hubiese tenido lugar. Lo que lleva a la conclusión de que, para incrementar la seguridad en sentido amplio, es preciso fortalecer el aparato administrativo de la Justicia, que necesita de medios que hagan imposibles tales equivocaciones.

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