Diario de León
Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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POR TODOS los medios pero con objetivos inconfesables, aunque aireen razones de justicia, algunos pretenden reanudar polémicas sobre la guerra civil, desempolvar los muertos, y acabar con todo signo que recuerde a uno de los bandos de la guerra, precisamente al vencedor. No me refiero ahora a lo sucedido esta semana en Toral de los Vados. Su alcalde socialista ha dado razones plausibles de por qué destruyó la cruz que recordaba a los muertos de la contienda, monumento en el que no había nombres y podía interpretarse como signo de reconcialiación. No hay razones políticas, alegó, sino instrumentales: se trataba de ampliar la residencia de ancianos y la cruz era un impedimento para ello. Solo cabe criticar el método, pues al parecer lo hizo sin el consentimiento de la oposición. La izquierda de nuestros días parece haber encontrado en la guerra civil un motivo de enfrentamiento con la derecha pusilánime del PP. Ha pasado el tiempo en el que el PCE, principal baluarte en la oposición antifranquista, defendía una política de reconciliación nacional. Muchos de los que mantuvimos una vida política activa en los años setenta y ochenta pensábamos en la guerra como un acontecimiento luctuoso y terrible, pero superado porque buscábamos construir un futuro de convivencia. El reciente libro de José María Zavala, Los horrores de la Guerra Civi l, es un testimonio elocuente de los actos condenables por ambas partes, pero también de que es necesario superar aquella infausta guerra. No lo entiende así una parte de la izquierda, cuyas asociaciones parecen recrearse en ella. Una de éstas hablaba la pasada semana de la creación de un archivo sobre la represión leonesa. Espero que dicho archivo recoja datos de ambos bandos; algún miembro de la misma proviene de conocidas familias de la derecha leonesa, que no dejará que todo se eche a las espaldas de los suyos. Me parece que no es la Historia sino su manipulación y su proyección política sobre el presente lo que está debajo de esos proyectos. Un ejemplo lo tenemos en la polémica sobre el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca. Parecía que tras los gobiernos de González y Aznar era un tema superado, pero no ha sido así. La debilidad política de Zapatero, maniatado por los nacionalistas y por sus propios compañeros del PSC, más nacionalistas ahora que ERC y CiU, ha vuelto a revitalizar la cuestión. Esta semana nombraba la ministra de cultura una nueva comisión de expertos para dirimir el asunto, de los que once de los dieciocho miembros que la componen son partidarios de la devolución de la documentación a Cataluña. Mal van a discutir sobre la conveniencia o no de conservar el archivo cuando una mayoría de los nombrados son partidarios de lo contrario. La Consejera de Cultura de la Junta, que se enteró por la prensa de dichos nombramientos, amenaza con reivindicar los bienes de Castilla y León esparcidos por otros museos nacionales. No servirá de nada. Me pregunto si esa desintegración del archivo se hace por una reivindicación necesaria y justa de la Generalidad o porque ya no hay nuevas competencias que solicitar y se trata ahora de un problema de símbolos, rentables electoralmente. Me parece que lo que menos importa a los políticos es el archivo, lo que quieren es hacer visible una identidad diferenciada del resto de los españoles, para lo cual no tienen inconveniente en romper la unidad del archivo, imagen de su ruptura con España. Esta es la lectura que hago, lectura que debe hacerse también con lo sucedido la semana pasada con el texto de la Constitución europea presentada en Bruselas en las cuatro lenguas cooficiales con el español. Los catalanes se han puesto como energúmenos porque una de ellas era el valenciano. No es la guerra, ni los muertos, ni el archivo de Salamanca; todo esto no es sino elementos para la confrontación política o para buscar en el enfrentamiento con otras zonas España las señas de identidad nacionalista.

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